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martes, 12 de enero de 2016

CUÁNDO EL ARTE ES SAGRADO Y CUÁNDO DEJA DE SERLO

Catacumba de Commodila. Roma. Jesucristo. 


No es fácil resumir en dos palabras cuándo el arte comienza a ser sagrado y cuándo comienza a dejar de serlo.

En otras culturas - no cristianas - hubo intentos,  más o menos logrados, en el sentido de expresar lo sagrado - o sobrehumano -  con medios artísticos que lo hicieran notable. 
Pero, en el caso del cristianismo - dado su peculiar  espíritu - éste resultó ser muy especial y original, a tal punto que, exigió otros medios para alcanzarlo. El hecho de la Encarnación del  Verbo divino, que habitó entre nosotros y del cual “vimos su Gloria” – como dice el Apóstol San Juan- el camino correcto a tomar ya estaba implícitamente indicado. Trataremos, en estas breves consideraciones, de dar un poco de luz sobre el tema, parado, como suele decirse, por supuesto, sobre hombros de gigantes - con miradas más altas, agudas y claras sobre ello.

Para comenzar, podríamos decir que el arte Cristiano encontró sus formas propias - es decir, adecuadas a su espíritu - a partir del siglo IV con el ascenso de Constantino el Grande como Emperador del decaído Imperio Romano- hasta llegar a mediados  del  siglo XV, con la caída de Constantinopla por los turcos Otomanos, luego del cual, podríamos decir que, el arte cristiano sagrado comienza su decadencia, especialmente a partir del período histórico  conocido como, y erróneamente calificado de, “Renacimiento”.

Dentro de este extenso período (s. IV al XV, un milenio, más o menos) se desarrollan y fijan las características más importantes del arte sagrado cristiano. Con Constantino el Grande comienza el desarrollo y  la expansión del arte cristiano por toda la Europa, lo que propiamente conocemos como la Cristiandad.

Desprendido de las formas grecorromanas de sus comienzos en las catacumbas,  la vida al exterior del cristianismo trajo aparejadas sus exigencias propias, especialmente con las nuevas formas que exigiría el oficio sagrado de la liturgia en los sitios en dónde se oficiaría: los templos, el lugar del Culto. El Templo será el lugar privilegiado para convertirse no solo en la Casa de Dios, en la casa delSacrificio (sacra facere), en la casa de oración por excelencia, sino también en una representación del mundo cristiano: la transfiguración de este mundo - hasta entonces pagano- en el nacimiento de un nuevo mundo: el mundo cristiano, la Cristiandad.

El Arte Cristiano le habla al mundo de un “otro mundo”, no solo en el más allá, sino aún en este mundo, pero transfigurado éste por el Espíritu de Cristo.

Sus nuevas formas artísticas lo recalcan y lo muestran con características que le son propias:

Las representaciones sagradas de Cristo, de la Virgen, de los Ángeles y de los Santos se espiritualizan, se sobrenaturalizan.  ¿Cómo es que se consigue esto? ¿Con qué medios?

Los cuerpos humanos pierden peso. Los pies de los personajes representados apenas tocan el suelo, parecen flotar sobre él. Incluso se sobreponen unos a otros sin considerar una perspectiva espacial. Desaparecen las sombras plásticas que le dieran volumen y peso a los cuerpos. El espacio pierde su tridimensionalidad y se convierte en un plano, a veces abstracto. Los cuerpos pierden su opacidad y tangiblidad, las vestiduras su calidad y textura. No solo los cuerpos se hacen “transparentes”, pasan a un primerísimo plano abandonando prácticamente el paisaje, el mundo que les rodea. El lugar, o el paisaje en donde se encuentran, deviene un plano abstracto, o solo indicativo por algún elemento del lugar o de la situación. Se resuelven en un plano simbólico, sin sensación  de espacio tridimensional. 


La Transfiguración del Señor


Por ejemplo: el monte Tabor en donde Cristo se transfiguró resplandeciendo su divinidad, está sugerido con la representación de rocas amontonadas en un plano. La gloria divina de Cristo está significada con un óvalo o almendra o círculo de luz. Moisés y Elías se inclinan reverentemente hacia Cristo. Cristo de frente alzando solemnemente su mano derecha bendiciendo y sosteniendo a sus discípulos. Éstos, más abajo en la composición, están en poses que representan por sí mismas que se han desplomado por el asombro y el arrobamiento que ha provocado en ellos la gloriosa manifestación del Señor. No hay ninguna representación “realista” del hecho, en el sentido de que cómo éste hecho podría haber sido percibido por los sentidos externos –por así decirlo. El contemplador de la escena se ve obligado a detenerse y a contemplar cada cosa. Se ve obligado a “leer” no solo el hecho general en sí, sino cada cosa en particular. Se ve obligado a hacer una “lectura teológica” del suceso. Pedro ha caído de rodillas y ha girado su cabeza para dirigir su palabra a Cristo: - “Qué bueno es estarnos aquí, Señor”. Otro discípulo (probablemente San Juan – el amor suele representarse con el color rojo, en este caso el color del vestido del discípulo amado). San Juan se toma la cara entre pensativo y azorado y, por último,  vemos a Santiago, el tercer discípulo, “cabeza abajo”, cubriéndose el rostro sumido todo su ser en su interior.

Los personajes no solo han perdido peso sino que sus movimientos son serenamente contenidos. No hay movimientos bruscos. Como si los movimientos no dependiesen ya del tiempo, como si ya no tuvieran nada que ver con él. Las composiciones no son asimétricamente dinámicas sino serenamente simétricas. Se asemejan a lo inmutable porque reflejan lo inmutable, lo que está más allá del tiempo y del espacio de este mundo.

Tampoco hay preocupación por mostrar estados psicológicos, más exteriores que las profundidades del alma. Todo drama, o acción exterior, ha pasado a ser interior, invisible a los sentidos y a las leyes que rigen este mundo. Solo hay indicaciones externas que, sugieren más que muestran, los estados interiores del alma. La imagen sagrada se convierte en una especie de álgebra teológica dirigida no a conmover o a impactar sobre los sentidos sino a despertar el intelecto, el pensamiento, la meditación señalada por los símbolos que la conforman. Por eso es que, de los íconos, no se dice de ellos que “se pintan” sino que “se escriben”. Se asemejan a un álgebra teológica a ser descifrada. No por nada la representación de este hecho de la Transfiguración del Señor es el primer icono que deben realizar los aspirantes a ser escritores de íconos. Éste ícono resume en sí mismo la teología y las formas del arte sacro.

El arte es sagrado cuando acompaña y sirve a la liturgia como un soporte de su significación y reverencia ante los Misterios. No cualquier representación religiosa es sagrada. El tema religioso no basta para ser considerado sagrado, debe tener un lenguaje y conformación acordes con ello. Para que una obra sea considerada sagrada debe ser digna de acompañar con su significación simbólica  a realzar la acción litúrgica en su acción y significación. La imagen para ser digna de la acción litúrgica no debe dirigirse a los sentidos en primer lugar sino – y a través de ellos - llevar a la intelección de lo que obra la acción litúrgica.



Reconstrucción de una ceremonia litúrgica en la Catedral de Amiens, Francia.



EL TEMPLO


Como dijimos más arriba el principal objetivo de los cristianos al abandonar las catacumbas fue la instalación de un templo, un espacio sagrado, y consagrado, para realizar la acción litúrgica principal, el corazón de la Fe cristiana: el Oficio del Sacrificio de la Misa. Todo en el Templo estará orientado hacia esto: La representación incruenta del Sacrificio de Cristo en el Calvario para la Redención de los hombres: El Sacrificio del único Sacerdote y Víctima, Jesucristo, realizado por única vez de modo cruento penetrando en el Santuario no hecho por manos de hombres, pues eso es lo que significó la rasgadura del velo del Templo,  a la hora misma de la muerte del Señor: El fin de la Antigua Alianza. Y, por lo tanto, de los sacrificios de toros, machos cabríos y corderos –figuras todas ellas del Sacrificio que haría el Ungido de Dios, en la plenitud de los tiempos, y el inicio de la Nueva Alianza realizada por Jesucristo, el verdadero Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Y, como diría luego San Pedro a los judíos, no hubo ni habrá ningún otro nombre dado a los hombres -fuera del de Jesucristo- por el cual podamos ser salvados.



Los templos, o las Iglesias, que construirá la Iglesia Católica en su larga y milenaria historia hasta hoy, serán para realizar este sacrificio perpetuo, hecho por Jesucristo, hasta el fin del siglo, es decir, del tiempo histórico.

En cuanto a las formas artísticas escogidas para la acción sacra, también éstas se irán separando de este mundo reservándose un espacio, un mundo consagrado. En el Templo todo es sacro, fuera de él todo es “profano”, no sacralizado, fuera del Templo que ya no sirve para la acción sacra, (excepto contadas excepciones). Como todos saben, se comenzó, tomando de los romanos y griegos las formas ya existentes de los edificios más adecuados - o que pudieran irse adecuando a las necesidades del culto y de los símbolos con los que se les  revestiría.

Tomarían, en primer lugar y como referencia principal, un lugar escogido en el cosmos, como el centro de éste, en el corazón de la cruz que forman los cuatro puntos cardinales. De este modo se convertirían éstos en el propio centro del mundo. En uno de los centros del mundo como el lugar en donde, de un modo especial y real,  habita la divinidad. Éste lugar y esta orientación es escogida cosmológicamente, según el ritmo del cielo, en el solsticio de invierno, el solsticio tradicionalmente divino, escogido por Cristo para nacer. El ábside del Templo se ubicaría hacia donde también se orienta el altar, hacia el Este, el lugar de donde sale el Sol invicto: Jesucristo. La puerta de entrada al Templo hacia el Oeste. Porque el Hijo del Hombre volverá a juzgar a los vivos y a los muertos como el relámpago que nace en el oriente y llega al occidente. Por eso en las catedrales medievales representaban, sobre el tímpano de esta puerta occidental, el Juicio Final con Cristo sentado como Juez en su trono, rodeado de los cuatro animales apocalípticos que representan a los cuatro evangelistas, el Evangelio de Jesucristo; los veinticuatro ancianos apocalípticos y los hombres, buenos y malos, resucitando,  emergiendo de sus tumbas para el juicio final.



Tímpano sobre el portal Oeste de la Catedral de Chartres, Francia.
Cristo en majestad viniendo como juez al fin de los tiempos rodeado de los cuatro animales apocalípticos.


Las paredes de los templos también se afinan y transparentan, espiritualizadas en un principio con las ventanas y con las figuras religiosas iluminándolas. Más adelante, con los vitrales creados como las joyas de la Nueva Jerusalén, transfigurarán la cruda luz de éste mundo. Y ya no será  ésta la pura luz material que ilumina las cosas de este mundo sino la luz de Dios transfigurando el mundo.

Las columnas que sostienen el techo, las cuales representan a los doce apóstoles, descansan sobre la planta en forma de cruz, representación del cuerpo humano de Cristo y la tierra firme de su Doctrina. Verdadera imagen del Hijo del hombre y de su Evangelio. En su centro, marcado por el crucero, en  el corazón del Templo, se yergue el altar del sacrificio, desde donde, luego, partirá el cuerpo multiplicado de Nuestro Señor como el pan de la vida eterna. Las columnas aplastan también el número 666 (en letras griegas) el número de la bestia. El número 888 (En letras griegas corresponde al nombre de Jesucristo, el Salvador del mundo, desde el suelo hasta la piedra principal de la Bóveda). “La piedra que desecharon los edificadores”- como lo anunciaron proféticamente las Sagradas Escrituras – que “vino a ser la piedra angular”.

El uso de la gematría (los letras en griego y hebreo tenían valor numérico) con este valor, que les daba el platonismo, el pitagorismo y aún la teología -“Dios creó todas las cosas con número, peso y medida” dice la Escritura- con estas medidas, repetimos, se construían los templos, resultando todos ellos una representación de la armonía del cielo y el esplendor de su belleza.



Catedral de Monreale, románica, nave central. Italia. Fines del siglo XII.

LA MÚSICA SACRA 
Y LOS GESTOS Y ACCIONES LITÚRGICOS

La música sacra halló su forma sagrada en el canto monódico gregoriano, verdadera interpretación de los textos de la Sagrada Escritura. La acústica estudiada de las Catedrales acompañaría a los fieles con estos cánticos acercándolos a la esfera de los cánticos angélicos, ayudando a las almas a elevarse en la contemplación del mundo divino.

Los movimientos y acciones litúrgicas serán también reposados y serenos al modo de las imágenes sagradas que los representan. No es la acción litúrgica una manifestación mundana. Somos, en ella, transportados al mundo sobrenatural de las cosas divinas. Lo que sucede realmente en la acción divina de cada Misa o Sacramento.



Capilla Palatina de Palermo, bizantina, Italia.



EL ARTISTA, O LOS ARTISTAS

El artista católico debe ser católico, es decir, católico de convicción y, por lo tanto, de vida católica. Esto es más importante de lo que hoy en día se ha llegado a pensar. Después de Descartes se ha separado todo en la vida. Ha ocurrido una ruptura en la realidad una de las cosas. Se ha separado el cuerpo del alma y se ha llegado a pensar cosas absurdas sobre todas las cosas, se ha perdido casi definitivamente, lo que llamábamos hasta entonces, el sentido común. Pensar, por ejemplo, que un artista ignorante del Catolicismo o incluso ateo, puede ser un buen artista sacro es como imaginarse que un buen zapatero, por el hecho de serlo, puede ser un buen cirujano porque sabe cortar el cuero. Todo artista tiene que conocer desde el fondo - qué es lo que da realmente vida a una obra de arte - cuál es el espíritu que obra dentro de ella y le engendra. Si el espíritu católico no dio a luz verdaderamente a la obra esta no resultará  sacra, no será apta ni siquiera para decorar el templo, y menos aún para acompañar la acción litúrgica. La acción litúrgica no es un “show”. No se trata de de nada mundano. No hay en él necesidad de un “animador” de TV para “animarla”. No es un entretenimiento. No es algo intermedio entre la realidad y la fantasía. Es una realidad que sobrepasa toda realidad humana y la trasciende. La desacralización tuvo y tiene aún hoy, como fin primario, la destrucción de lo sagrado. No solo pretende negarlo sino destruir todo vestigio de él. Es el plan del Anticristo desde siempre. Está presente desde los inicios del Cristianismo, y aun los mismos Apóstoles le denunciaron claramente al desenmascarar a los falsos hermanos que propagaban un Evangelio distinto al predicado por ellos. La sana doctrina tergiversada. El Evangelio de Cristo usado para tratar de convertirlo en otra cosa, en una cosa puramente humana, primeramente, para luego desecharlo como otro mito más invención de los hombres. 

Los artistas no pueden quedar librados al azar y menos a sus caprichos y pasiones. No basta tener talento artístico y destreza en el  manejo de los medios y los materiales artísticos, para producir una obra verdaderamente religiosa  y menos aún, sacra. Un artista que tiene las dotes necesarias para ser lo que es - pues cuenta para ello, con una sensibilidad especial que lo cualifica para captar más sensiblemente las cosas del espíritu- no por ello reúne ya en sí mismo todo lo necesario para realizar obras verdaderamente sagradas.  Poseer inventiva e imaginación artística tiene sus ventajas, pero también sus desventajas, esto último en el sentido de que, como artista, es más proclive a caer en errores teológicos ya que más fácilmente puede caer en las trampas de su imaginación divagando por senderos que no conoce, como es aquel bosque, a veces intrincado, de la teología racional y aún la apofática.

En resumen: el Arte sacro es tal cuando emplea los medios necesarios para resaltar que las cosas de este mundo, aunque el arte se sirva de algunos elementos de él, lo sobrepasan y lo trascienden infinitamente. “No hay palabras humanas para hablar de Él (de las cosas del mundo divino) sin profanarlo de algún modo o torcerlo” como lo recalcó San Pablo luego de su ascensión al tercer cielo por gracia y obra divina. Los medios artísticos para expresar lo sagrado son comparables a una teología apofática. Es decir, se puede hablar de ello más de lo que no es que de lo que es.

Como dice Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica (I q.1 a.9) 2:

“El rayo de la divina revelación no queda extinguido por las figuras sensibles en que se envuelve, como dice Dionisio, sino que su verdad se transparenta en forma que no consiente a las inteligencias agraciadas con la revelación estancarse en las imágenes, antes bien las eleva al conocimiento de las cosas inteligibles, de suerte que por su medio llegue la revelación al conocimiento de los demás; y por esto, lo que en un lugar de la Escritura se dice bajo metáforas, se pone en otro con mayor claridad. Incluso es útil hasta la misma obscuridad de las figuras: por un lado, para ejercitar el ingenio de los estudiosos, y por otro, para sustraerlas a la burlas de los infieles, de quienes se dice en el Evangelio: No deis lo santo a los perros.

3. Como dice Dionisio, es más conveniente que la Sagrada Escritura proponga lo divino bajo la figura de cuerpos viles que de cuerpos nobles, y esto por tres motivos. Primero porque así se previene mejor al hombre contra el error, pues todos comprenden que tales figuras no se aplican a Dios con propiedad, y, en cambio, podrían dudarlo si se describiese lo divino con imágenes de cuerpos nobles; y más que a nadie sucedería esto a los que no conciben cosa superior a los cuerpos. –Segundo, porque este modo está más en conformidad con el conocimiento que tenemos de Dios en esta vida, ya que con más facilidad vemos lo que de Dios no es que lo que es, y por esto las imágenes más alejadas de Dios nos dan mejor a entender que está por encima de cuanto pensamos y decimos de Él. – Tercer, porque así lo divino se recata mejor de los indignos.”

En cuanto a un sabio asesoramiento de los teólogos sobre los artistas obliga a los mismos teólogos a instruirse sobre las formas más adecuadas de cómo representar lo divino sin caer en errores ni indignidades en las cosas dirigidas a la mayor gloria de Dios.

Los verdaderos artistas cristianos siempre han hecho meditación y oración sobre los misterios a representar, incluso ayunos, sin necesidad de ser monjes para ello. Aunque algunos lo hayan sido, como el Beato Angélico, por ejemplo y algunos iconógrafos.

La caída en el humanismo a partir del Renacimiento, como adelantáramos ya, ha producido la gran decadencia y destrucción del arte sacro. Decadencia lenta pero continuada. La decadencia de la Cristiandad fue acompañada naturalmente por la decadencia del Arte cristiano católico, el cual, partiendo del templo, había conformado el espíritu de todo el arte de Europa.



Alberto M. Borromeo



sábado, 12 de diciembre de 2015

LAS FORMAS ARTÍSTICAS Y EL ARTE SACRO



Detalle del portal de la Catedral de Reims, en Francia



Las verdaderas  formas artísticas se adecúan a la idea de la obra naturalmente.

La obra en sí, el fin de la obra, exige unas formas determinadas por los requerimientos intrínsecos de la obra misma. “La obra pide los medios requeridos.
Cuando esta unión, entre la idea de la obra y los medios para plasmarla, se produce de un modo maravillosamente perfecto, podremos calificarla entonces  de “obra maestra”. Con esta denominación la estaremos elevando por sobre otras obras - menos logradas o fallidas - a modo de un ejemplo, o modelo a imitar. A imitarlo, pero no en sus apariencias exteriores, de un modo servil y mecánico, sino, a imitarlo en el trabajo y en la búsqueda paciente, para  hallar la adecuación  de los medios con la idea  a fin de lograr, de ese modo, su más perfecta realización.

Una obra puede fallar por dos razones: o porque los medios artísticos no se adecúan a la idea; o porque la idea no  es buena, o es  mediocre, y no hay medios por los que pueda ser salvada.

La idea misma dicta los medios a emplear, es decir, no solo los medios, sino también el “cómo”, la manera de aplicarlos. Es el artista mismo quien debe descubrir esto. Tal vez, los medios de algún modo ya estén exigidos de antemano al artista. Por ejemplo: Un arquitecto ha sido escogido para realizar un templo de piedras. He aquí impuesta ya  una condición con la elección de un material: la piedra. Éste es el material exigido como fundamental para la realización de la obra encargada. El templo contará también con imágenes esculpidas en madera, (otro medio condicionante) para lo cual ya se ha elegido a determinado escultor. El arquitecto tendrá que considerar, al diseñar el proyecto, la participación de éste escultor, el material ya determinado en que trabajará (la madera) y su posible armonización con la piedra. Además del “estilo” que se exigirá a la obra total. La obra total estará regida aquí por la arquitectura, la cual mandará sobre todas las demás artes menores  que completarán la obra en un todo armónico y coherente.



Desde la Santa Síndone: Un icono griego, un mosaico de Santa Sofía y un Cristo “naturalista” de Rafael Sanzio, ya en el Renacimiento. Declinación del arte sagrado. Desde el acento puesto en el misterio teológico, a la preocupación de la representación solo “naturalista” de la imagen sacra.

La idea - que estará sobre todo el conjunto de la obra - es el uso, o el fin para la cual la obra se destinará.  Si la construcción arquitectónica estará destinada  - como en este caso - a un uso sagrado, todo deberá llevar a alcanzar este fin hasta en los mínimos detalles. Todo debe conducir a lograr este fin sagrado que persigue la obra. Si se desvía de su idea primordial, llevará al fracaso de la idea. Por ejemplo, que el templo no evoque, o no manifieste, este propósito sacro, su función de templo, desde el primer momento, deberá ser manifiesto. Confundir el templo con una fábrica,  o con un edificio destinado a oficinas, o con un club deportivo; no habremos logrado el propósito específico de la obra. El fin principal de un templo es el culto debido a Dios. Es la casa de Dios. Es casa de oración. Lo cual quiere decir que, TODO en ella, “diga” esto mismo, señale esto mismo, nos lleve a esto mismo. Nos ayude a esto mismo. Desde su conformación simbólica - como edificio sagrado, hasta hacer posible la acción sagrada litúrgica, en su orientación, en la disposición del ámbito, en la iluminación, en la acústica, que facilite el recogimiento para la meditación y la oración, etc.

En la mentalidad actual, y en los fundamentos de la llamada arquitectura moderna, se insiste en la idea de la “funcionalidad” - entendiendo por tal cosa las necesidades físicas y materiales del hombre en primer lugar, como su única y principal necesidad. No se tienen en cuenta las necesidades psicológicas y espirituales de los concurrentes. Hay una concepción igualitaria de la arquitectura. No deben existir diferencias ni jerárquicas, ni de  a función que cumplen. Son todas sus realizaciones comparables a máquinas - cuya función desconocemos hasta verlas funcionar. En algún sentido podríamos llamarlas construcciones abstractas. Pero esta concepción errada constituye un obstáculo grave en el ámbito sagrado para su uso religioso. Y son una consecuencia de sus principios “filosóficos” (ateos y materialistas) en la concepción modernista de la arquitectura. Concepción que llama a una casa: una “máquina” para vivir y nombra a una silla: “máquina” para sentarse (Le Corbusier).  En realidad esta es la filosofía que prima e informa la mentalidad de la sociedad moderna y de su arquitectura.  No considera al hombre más que como otra máquina, carente de alma y espíritu.



Composición “A”, 1920, por el holandés Piet Mondrian. El arte para el nuevo hombre tecnológico. Para modelar su mente a modo de máquinas. Modelo también para la arquitectura moderna, esencialmente geométrica.

La Catedral gótica de Chartres. La ciudad de Dios. El empuje del alma hacia lo alto. La luz transfigurada por los vitrales, como las almas por la luz divina.

Convento de La Tourette, por Le Corbusier, 1957-1960. ¿Una fábrica de monjas? ¿Un club deportivo? ¿Un centro comercial?


Por eso esta mentalidad es estéril para crear unas formas artísticas capaces de manifestar, de algún modo, el mundo religioso y metafísico que creó las catedrales del medioevo, por citar un ejemplo. El mundo de hoy - dominado por la máquina y la técnica - solo es capaz de “abrir” su mente a una falsa trascendencia (el hombre no puede vivir sin trascendencia). Acude entonces a una “trascendencia” negativa, hacia abajo, oscuramente subterránea.  El cielo está vedado, cerrado,  negado a la contemplación por principio. “Debemos expulsar a las catedrales del centro de las ciudades” clamaba Le Corbusier, tal vez el principal artífice de la arquitectura contemporánea. Todo está clausurado y aprisionado en este solo mundo inmanentista, abierto solo a las profundidades tenebrosas e infernales. (Surrealismo).

Con esto afirmamos que las formas artísticas producidas por esta mentalidad atea y anti-tea, no solo son estériles para representar lo sagrado - que está por encima del hombre - sino que aún es incapaz de producir un verdadero arte. Porque el verdadero arte está ligado - por esencia - a lo que los antiguos llamaron los “trascendentales”: el Bien, la Verdad y la Belleza. Intentar crear algo religioso utilizando las formas estériles del arte moderno solo produce el efecto contrario a lo que se pretendía alcanzar: un arte religioso y sacro como soporte y ayuda para la acción sacra. Existen esas formas sacras, ya creadas en otras épocas,  las cuales siguen siendo válidas aún hoy en casi todos sus aspectos. Lograr una posible “traducción” válida de ellas al tiempo actual no parece ser del todo posible. La época actual debería convertirse a la Fe para poder llegar a crear un arte auténticamente religioso y trascendente. 

No es imitando las formas del arte moderno como se conseguirá llegar a crear un arte sagrado. El efecto contrario es lo que realmente se logra, es un verdadero efecto de desacralización. De destrucción de lo sagrado. Para ganar al mundo ateo y descreído, no es posible hacerlo con los mismos medios creados precisamente para negarlos.  Los sacerdotes deben instruirse seriamente en estas cuestiones sobre el arte, y sobre el arte sacro especialmente. Para  ser verdaderos  guías teológicos de los artistas. No puede quedar sobre los artistas la responsabilidad y la ciencia teológica. Esto no depende de su gusto y sensibilidad personal. El arte sacro no es una expresión personal del artista sino la manifestación de la Iglesia de Cristo. No depende de una individualidad sino de lo que siempre ha tomado la Iglesia como la manifestación más digna de lo sacro y doctrinalmente ortodoxo. La destrucción de la Liturgia tuvo bien en cuenta estas cosas para lograr sus fines de destrucción de ella y su efectividad como guía y soporte teológico y doctrinal en la espiritualidad de los fieles.





Del artista barroco Caravaggio: naturalimo y teatralidad. ¿En dónde está el misterio sacro de la Redención?

Graham Shutherland, 1946. Figuras grotescas. Nada sagrado. Una burla perversa de los sufrimientos de Nuestro Señor.

Un “descendimiento” armado con mis compañeros de oficina. Fue muy divertido - podría decir el autor de esta obra Steve Hawley. 1988-90. No saben lo que hacen.

Esto último no merece siquiera un comentario. Anthony Caro. 1989.



Incorporar formas modernas en las iglesias es el resultado de varios factores, todos ellos negativos. Convertirse al arte moderno es convertirse a la mentalidad moderna. Convertirse al mundo moderno que se aleja más y más de Dios. Sus formas artísticas están adecuadas a su mentalidad. El efecto que producen es aquél para lo cual que fueron conformadas. Están pensadas para crear al hombre nuevo tecnológico y sin Dios (Piet  Mondrian). 

Comenzar creyendo que las formas artísticas modernas son indiferentes,  inofensivas, o neutras  para el culto, es desconocer la naturaleza profunda del hombre. Es no haber aprendido nada sobre el  mal que religiosamente han  producido - y que salta a la vista - desde hace muchos años. El mundo es quien debe convertirse a Dios, no los creyentes convertirse al mundo. Eso es apostasía. Si la jerarquía eclesiástica, hasta en sus más altas puestos, ha consentido con esto,  es porque ha pactado con el mundo y apostatado de Dios,  para su propia destrucción. Y, quienes le sigan, perecerán también con ellos.
                                                         
       
La Neo-Capilla modernista de  la Neo-Fraternidad.
Imagen ¿de Nuestra Señora?
                    
 
 
La Neo-Fraternidad ¿Quiere demostrar su afinidad y buena voluntad
para con Roma? La Roma modernista se ha convertido en el mejor propagador de la mentalidad modernista.
La mentalidad modernista prepara el camino del Anticristo.
La Neo-Fraternidad traiciona los propósitos por las que fue creada:
Resistir a Roma siendo fieles al Depósito de la Fe.
                                                 
¿Quién de estos religiosos
será el asesor teológico del “artista”?

¿O no lo hay?
                                                                                   

¿Es esto una capilla o una “disco”?


El arte moderno, creado por la mentalidad modernista, no solo está conformado por esta mentalidad, sino que también  lleva indefectiblemente a conformarnos también con ella.

El camino para haber arribado a esta situación nefasta, lleva recorrido ya varios siglos de decadencia religiosa que no podemos describir ahora. A grandes rasgos solo indicaremos algunos sucesos históricos que le han ido conformando progresivamente.  A veces de un modo sutil, a veces violentamente, con algunos tímidos retrocesos aparentes, pero siempre ganando el terreno conquistado. Comenzó casi violentamente en el llamado “Renacimiento” - el cual significó el ingreso del arte religioso y sagrado - en el naturalismo.

Se fue consolidando con los efectos psicológicos, dramáticos y teatrales del Barroco. 

Luego en el romanticismo con una piedad sensiblera y blandengue comenzó a disolver paulatinamente el verdadero espíritu religioso; para culminar, luego, en una reacción explosiva disgregando a todas las artes entre sí y creando un caos en todas las manifestaciones artísticas.  
El esteticismo puro - o “el arte por el arte” (verdadera herejía artística, porque destruye su misma naturaleza) 
Y el mal  llamado surrealismo (El nombre de “Surrealismo” viene del francés y significa = “por encima de la realidad” cuando es todo lo contrario de ello) El surrealismo no intenta elevarse sobre la realidad. Todo lo contrario escava un túnel hacia abajo, hacia un mundo de pesadilla, un mundo oscuro, infernal. Son los efectos producidos por el caos y el desequilibrio interior del hombre. Un hecho sintomático del estado espiritual a que ha llegado la humanidad - calificado muy acertadamente por el filósofo del arte Hans Sedlmayr como “la pérdida del centro”, en su famoso y “misteriosamente” desaparecido libro: “El arte descentrado”.


Mosaico medieval oriental
de Nuestra Señora con el Niño

Pintura de La Madonna con el Niño.
 Rafael Sanzio renacentista.
El naturalismo más crudo
desplaza el gran abismo existente de María
entre todas las demás mujeres y
al Niño de todos los niños. 

Podrían ser la vecina de Rafael con su hijito.
Escultura modernista de
la Santísima Virgen María.

Imagen que nos dejó de sí misma 
milagrosamente
 Nuestra Señora de Guadalupe.  



En la sala Paulo VI, en el Vaticano. La enorme escultura en bronce que la domina representa – o pretende representar-- La Resurrección de Cristo. Parece más bien un Cristo que no logró salir de los Infiernos. Satánica representación de la Resurrección. Ésta es otra muestra de quienes están gobernando en el Vaticano: los anticristos.

                                                 
Consentir en las formas modernas para representar lo sagrado es un síntoma de ceguera espiritual y religiosa. 
“¿Qué unión puede haber entre la luz y las tinieblas?” dice San Pablo. Los que proceden según este modo están colaborando con la venida del Anticristo. Allanando su camino como sus profetas propios. Esta ceguera es un castigo por la falta de fe en Jesucristo y en su Iglesia. Es la ceguera anunciada como castigo para creer en las mentiras y  en la seducción del Anticristo.

--“Mirad que os lo anuncié antes”. “Porque vendrán muchos diciendo “yo soy el Cristo”. “Porque aparecerán muchos falsos Cristos” y, “Si os dijeren: Cristo está aquí o allá, no vayáis” y: “El que perseverare hasta el fin, ése se salvará”. Éstas son las advertencias de Nuestro Señor.

“Conserva lo que tienes” - le dice el Ángel a una de las iglesias de los últimos tiempos. Es tiempo de guardar, sostener y defender  aquello recibido a través de los siglos como un gran tesoro. Es hora de resistir a los ataques del enemigo. Santo Tomás de Aquino nos dice en su Summa Teológica que se necesita mucha más fortaleza para resistir que para atacar.

Resistamos en la fe en todo aquello que hemos recibido por la Tradición, guardado como un tesoro. “Tesoro conservado en vasos de barro” – que eso es lo que somos..

Cristo nos ha prometido:

“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo”.



Alberto M. Borromeo