sábado, 23 de mayo de 2015

CARTA A NUESTROS COFRADES SACERDOTES

Viernes, 22 de mayo de 2015



 

Carta de enlace entre los miembros de la FSSPX 
(n° 5 – primavera de 2015)



          En abril de 2013, Mons. Fellay afirmó que la Fraternidad no había cambiado salvo“cambios superficiales”: “ahora tenemos sacerdotes de edad avanzada”, “tenemos más casas en más países”, en breve, un “desarrollo normal […] “teníamos 4 obispos y ahora solamente tenemos 3. Esto es un cambio, pero nada grave ni esencial[1]”

A finales de enero de 2014, el P. de Cacqueray deseaba “que la ruptura” entre Mons. Fellay y los signatarios de la “Carta a los fieles” “se resuelva” y confiaba antes de dejar el Distrito:


          “«Yo espero de todo corazón, que dado que yo creo que ya no es de actualidad para la Fraternidad intentar lo que sea con un Papa, del cual acabo de hablar un poco,  espero que algunos de estos sacerdotes y fieles considerarán, reconocerán que después de momentos difíciles, la Fraternidad sigue fiel a la línea que es la suya y reconociéndolo, por nuestra parte nosotros tendremos la compresión, la benignidad para reaceptarlos sin decir nada, entre nosotros, a los sacerdotes que partieron, entre ellos, por supuesto, yo los conozco, son compañeros de armas, sacerdotes cuyos valores no han desmerecido en su apostolado durante todos estos años y que es triste haberlos visto partir, y yo espero, yo espero,  que si todo no fue más que un equívoco, entre la fraternidad y ellos, que este equívoco sea verdaderamente resuelto, es lo que espero de todo corazón”[2].

          Frente a estos testimonios, estaríamos tentados de concluir que la afirmación de 2012 por parte de los 3 obispos en su carta al Consejo general reconociendo “en la Fraternidad los síntomas [de una] disminución en la confesión de la Fe” era falsamente alarmista…


¿Todo va muy bien?

          Sin embargo, el 23 de septiembre de 2014, luego del encuentro entre el cardenal Muller y Mons. Fellay, el Vaticano publicó un comunicado diciendo:

          « Se ha acordado proceder gradualmente y dentro de un tiempo razonable para superar las dificultades y alcanzar la deseada reconciliación plena."


          Las entrevistas continuaron entonces en un "marco amplio y menos formal que el de los precedentes intercambios[3]", mientras que en palabras de Mons. Fellay: “las discusiones manifestaron un desacuerdo profundo sobre casi todos los puntos abordados[4]”. 

En su 5ª conferencia en Flavigny, el P. Pfluger declaró explícitamente que dado el fracaso doctrinal con Roma “hay que intensificar el contacto in membris (fieles, parroquias y clero conservador)”.


         En 2007, el P. de la Motte reunió a sus vicarios (entre ellos el P. Salenave) para comunicarles una noticia que él estimaba muy buena pero confidencial… Menzingen había dado su acuerdo para hacer de Gavrus un priorato piloto en estrecho contacto con la diócesis y su obispo. El cambio del prior puso fin a la experiencia, pero ahora estas visitas se multiplican por pedido de Menzingen: Angers, Montpellier, Châteauroux, debían ser visitadas por el obispo.


          En 2015, dos peligrosos apóstoles de la libertad religiosa, el cardenal Brandmüller y Mons. Schneider visitaron los seminarios de Zaiztkofen, Flavigny y Winona y enseñaron allí. El primero compara “la Fraternidad San Pio X y los viejos católicos que han rechazado la enseñanza del Vaticano I sobre la infalibilidad y tienen en común el rechazo de los desarrollos legítimos de la doctrina y de la vida de la Iglesia[5]”. Para el segundo, “el mejor alumno de Benedicto XVI” según L’Homme Nouveau, “el ecumenismo es necesario para estar en contacto con nuestros hermanos separados, para amarlos. Frente al desafío planteado por el nuevo paganismo, nosotros podemos y debemos colaborar con los no-católicos serios para defender la verdad divina revelada y la ley natural creada por Dios[6]”.


         “Yo escucho decir: “Usted exagera, hay cada vez más y más buenos obispos que oran, que tienen la fe, que son edificantes…” Serán santos, siendo que admiten la falsa libertad religiosa y por lo tanto el Estado laico, el falso ecumenismo y por lo tanto la admisión de varias vías de salvación, la reforma litúrgica y por lo tanto la negación práctica del sacrificio de la Misa, […] ellos contribuyen oficialmente a la revolución en la Iglesia y a su destrucción” […] Esta nueva religión no es la religión católica[7]”.

La integración será nuestra desintegración…

          Las declaraciones del P. Jorna: “La integración sería nuestra desintegración […] en la Iglesia, es la verdad que libera, no la diplomacia[8]” eran una evidencia para la mayoría de los miembros de la Fraternidad en 2001. Hoy en día, gracias a la acción subversiva de la cabeza, la tendencia se ha invertido. Nadie ignora que la subversión viene más frecuentemente de una élite infiel que de una base rebelde.


          ¿Cuántos cofrades han leído el libro del P. Lelong titulado “Por la necesaria reconciliación”? Allí nos enteramos que desde el año 1992 (P. Aulagnier) y sobre todo desde 1997 (P. Lorans), la cabeza de la FSSPX trabaja para la adhesión a Roma. Muy rápidamente el combate ha cedido el lugar al deseo de reconocimiento. Si bien tenemos algunas palabras a la derecha, la cabeza actúa más frecuentemente a la izquierda. Y este actuar no queda sin consecuencia:


          “Por lo tanto es evidentemente natural e históricamente cierto que, cuando ustedes negocian con Roma y los obispos y reclaman ciertas concesiones, ustedes están en la obligación de callarse, de ablandar o de hacer desaparecer su oposición a la reforma litúrgica, a la declaración Dignitatis humanæ y al concilio, bajo pena de encontrarse en una situación psicológica insostenible. Esta es la única y verdadera causa de su evolución doctrinal: el peso moral de sus interlocutores y su propio deseo de lograr resultados tangibles en las difíciles negociaciones donde ustedes están en una posición minoritaria. Tal situación los obliga a hacer concesiones, por lo menos verbales. […] llegando a este punto de su evolución, ustedes estiman posible y necesario atemperar ciertas oposiciones con el fin de obtener resultados más importantes. […] las negociaciones y los acuerdos con Roma y con los obispos diocesanos deben terminar necesariamente, tarde o temprano, en el abandono de las posiciones sostenidas desde siempre por la Tradición…[9]”


          Pocos de entre nosotros tuvieron el tiempo de leer la entrevista del Primer Asistente a una revista de la Fraternidad. El texto, traducido por France Fidèle fue publicado por La Porte Latine, pero no permaneció allí más que 24 horas… Allí leemos:


           “En Tokio, tuve que decir la misa dominical sin zapatos, y en las islas Fidji, fui recibido con “Cava”, bebida tradicional infecta que además te destruye el hígado. Estamos tentados de estigmatizar de “modernista”, “liberal”, “masónico” todo lo que no es conforme a la rutina de los siglos 19 y 20. Una tradición así de erróneamente concebida, no es atrayente, no puede convencer, tampoco podemos edificar la Iglesia según la imagen que tenemos de los años 50 o según los argumentos puestos en valor en los años 70. […]No a las teorías de conspiración, no al apocalipsis, sino que esperanza contra toda esperanza. Esto es lo católico”[10].


            Como todos los liberales y los conciliares, el P. Pfluger ya no comprende la importancia crucial de la doctrina. Y expresa oficialmente su desdén implícito por los grandes documentos antiliberales, antimasónicos y antimodernistas desde 1831 (Mirari vos) hasta 1950 (Humani Generis), sin provocar una reacción eficaz. El P. Pfluger parece ignorar que predicar a Cristo crucificado “de manera convincente” es “escándalo para los judíos y locura para los paganos”. Además, negando el complot mundialista contra Dios, menosprecia la enseñanza de la Iglesia sobre la lucha de las dos ciudades y niega una realidad constatada incluso por los no creyentes –lo que no hace la fe atrayente… Finalmente, al oponer esperanza y apocalipsis, manifiesta una ineptitud radical para toda política prudente, pues la Revelación nos dice: “Y le fue dado a la bestia hacer la guerra a los santos y vencerlos; y se le dio autoridad sobre toda tribu, todo pueblo, toda lengua y toda nación…”  (Apoc. 13, 7). El P. Pfluger huye de la cruz y no comprende que la esperanza cristiana no consiste a esperar una nueva cristiandad de nuestro mundo apóstata, sino a esperar, con gran deseo, el regreso glorioso del soberano juez.



¿Vanas reacciones?

        En 2014, el P. Gaudray fue a ver a Mons. Fellay para exigirle explicaciones respecto al P. Pfluger. Una bella sonrisa y bellas palabras hicieron desvanecerse sus exigencias. El P. Gaudray se rehusó también a participar en la puesta en escena de Mons. Schneider en Flavigny. Mons. Fellay le hizo severos e injustos reproches. Nuestro pobre cofrade escribió entonces un artículo torturado llamado: “De la obediencia a los superiores falibles”… Para satisfacer su conciencia, escribirá a sus fieles: “La nueva religión instituida por el Vaticano II está fundada sobre los principios de la Revolución… La iglesia conciliar no cesa de proclamar su apego a los “valores” de la Revolución… Entre ellos y nosotros, la oposición es radical, las posiciones irreconciliables… Dios siempre será misericordioso respecto a los débiles pero rechaza a los que no quieren la luz.  Los sacerdotes que ya no rezan o que ya no estudian traicionarán necesariamente[11]”.

          Muy bonito, pero insuficiente para proteger a los fieles y la Fraternidad. Se ataca al Vaticano II, pero no a su penetración en la Fraternidad. No se trata, como lo cree el P. Gaudray, de favorecer “la anarquía y el desprecio de la autoridad”. Hacer “penitencia para obtener de Dios buenos superiores”, “permanecer humilde”, es necesario, pero esto no dispensa del deber sacerdotal de nombrar al lobo, incluso cuando él se llama Fellay, Pfluger, Simoulin…El P. Laguérie, durante la sesión en Flavigny (febrero de 2015), ha dicho al P. Bouchacourt, delante de los priores, que Mons. Fellay era deshonesto. ¿Por qué no decirlo públicamente?  


De la reacción interna…

          En Flavigny vimos el P. Troadec narrando la visita de Mons. Schneider, interrumpido por los priores descontentos. Vimos palidecer al P. Bouchacourt constatando que él no puede controlar su Distrito. Algunos pensaron haber ganado una batalla con esto… ¡Ilusión! Esta guerra ya está perdida. El P. de Cacqueray le confió al P. Rioult, durante la peregrinación de Pentecostés de 2012, que “Mons. Fellay [estaba] dispuesto a pasar sobre más de un cadáver”. El P. de Cacqueray, que resistía a la Casa General, señaló en 2013 “que el libro escrito por el P. Pivert no fue prohibido para su difusión por la Casa general. Es un rumor sin fundamento [---]. La realidad es que nuestros superiores no me pidieron retirar este libro de su difusión[12]”.  Hoy en día, esta sutilidad hace sonreír y muestra los límites de esta resistencia. 

          El P. Rousseau, en octubre de 2013, reaccionó contra las “canonizaciones” de Juan XXIII y Juan Pablo II escribiendo: “Non possumus, no podemos. […] Este papa de Asís va, después de una falsa beatificación, a ser puesto sobre los altares. Digámoslo claramente: estos altares no son católicos y no podemos reconocernos en este simulacro de ceremonia. Es una caricatura. Hoy, él ya no es prior… Para el P. Pfluger, su mutación se debió a « faltas graves[13]»… El P. Delagneau prohibió al P. Deren citar a Mons. Lefebvre en un sermón para no desmarcarse de la predicación de los sacerdotes del priorato… El P. Beauvais recibió una carta injuriosa de Mons. Fellay acusándolo de ser indigno de todo puesto de responsabilidad, lo que justificaría su partida de San Nicolás.

         Los liberales dirigen la Fraternidad y persiguen a los que se oponen a su voluntad. Las sanciones y las mutaciones operarán la inevitable depuración en curso. Queridos cofrades, releamos las conferencias del P. Pfluger a los Hermanos en Flavigny en enero de 2014. En la 7° podemos leer: “Todas estas salidas son una purificación para la Fraternidad y deben ser vistas como una gracia…”. Perdamos la ilusión, el golpe maestro de Satanás se renueva: la destrucción del cuerpo social por la obediencia. Y“desgracia a aquél que no consiente. Gana el derecho a ser pisoteado, calumniado, privado de todo lo que le permitiría vivir[14]”.


¡A la supervivencia exterior!

          La carta de un prior dirigida a los tres obispos, a los dos asistentes, al P. de Cacqueray, a los tres miembros del tribunal del P. Pinaud, resume muy bien el estado de nuestra Fraternidad:

        « En San Nicolás de Chardonnet el pasado viernes 8 de noviembre [2013], el P. Nely nos dijo que era necesario restaurar la unidad. Efectivamente hay trabajo que hacer sobre este punto, y es una verdadera resurrección de la que habría que hablar, pues se trata desgraciadamente de la unidad doctrinal y del lazo de caridad, y tanto en un caso como en el otro podemos constatar su desaparición. Cómo podríamos tener unidad doctrinal cuando vemos subsistir en la cúpula una división entre dos principios contradictorios […] Esta declaración no está muerta pues no fue retirada más que por motivos extrínsecos, porque nos dividió. Solo el texto fue retirado, no el pensamiento que la subyace y que todavía vive, pensamiento que ha sido expresado en otros textos que no han sido retirados. Es este pensamiento que nos divide y continuará dividiéndonos hasta que no volvamos atrás. Es además la causa profunda de la actitud del Padre Rioult, del proceso del Padre Pinaud, de la salida de muchos cofrades celosos aunque tal vez excesivos algunas veces. ¿Cuántos de entre nosotros se perderán y de cuántos sacerdotes deberá usted dar cuentas a Dios? […] En cuanto al lazo de la caridad, constato que ya no existe. Hemos entrado en una lógica de guerra, y de guerra civil. […]Fraternidad sin caridad fraternal ni unidad doctrinal… pronto seremos como un cuerpo sin alma. […] Tal unidad no puede durar mucho”.


         En efecto, tal prior abre sistemáticamente el correo de tal religiosa para verificar lo que escribe… Tal hermano vigila a los sacerdotes de su priorato para advertir a la Casa general de todo comportamiento « desviado » de la línea oficial… Un director de escuela despide a una institutriz por sus faldas demasiado largas [es decir, modestas], pues molesta a sus colaboradoras que usan faldas simplemente inmodestas… Etc.


Conclusión

          Un canonista de la FSSPX confesaba recientemente: “El nuevo código no está allí simplemente para arreglar los problemas de los sacerdotes, sino también para crear puentes con la Iglesia oficial”. La Fraternidad ya está regida por el nuevo código y por las congregaciones romanas. Los principales superiores de la Fraternidad ya están incorporados en su cabeza incluso antes de firmar. La FSSPX está mortalmente herida y nosotros no podemos hacer nada al respecto. Y ¿cuántos cofrades se están destruyendo interiormente porque se niegan a ver esta realidad que les hace sufrir?


         Solo un obispo, Mons. Williamson, y un solo miembro del Capítulo, el P. Faure, denunciaron la subversión en curso. Ningún superior mayor ha actuado pública y eficazmente contra la corrupción de nuestros jefes. El P. de Caqueray se decía dispuesto a actuar pero esperaba un obispo. Pretexto fútil para no hacer nada pues él mismo dijo: “Mons. De Galarreta está demasiado apegado a su confort para hacer algo” y él sabía que si Mons. Tissier veía intelectualmente claro, estaba paralizado: su fin era, escribió a un cofrade, “ayudar a Mons. Fellay a reencontrar su honor”.


          Si seguimos sin hacer nada, nuestros ojos no pararán de llorar por no haber tenido el valor de gritar el lobo. Pues Mons. Fellay no es un sacerdote débil que se equivoca, sino un lobo feroz que nos engaña. Relean su carta a Benedicto XVI (17 de junio de 2012) y piensen bien el sentido de las palabras de esta odiosa frase: “Desgraciadamente, en el contexto actual de la Fraternidad, la nueva declaración no pasará”. Demasiados de entre nosotros esperan un acuerdo futuro para reaccionar, mientras que Mons. Fellay ya nos traicionó pues ha pactado con el enemigo.


         Ciertamente que no tenemos un deber estricto de dejar la Fraternidad, pero tenemos el deber de “oponernos públicamente a los errores y a los fautores de errores, sean quienes sean[15]”, incluso y sobre todo si ellos están entre nosotros. ¿Cuántos lo hacen? Nuestro próximo cambio, que será una puesta en el clóset, ¿será un motivo claro y suficiente para reaccionar? ¿Continuaremos obedeciendo a un jefe subversivo que abusa de su poder para llegar a fines que nosotros reprobamos[16]?


        Monseñor Lefebvre, que tenía respeto a la autoridad, estaba sorprendido que los monjes de Barroux “no tomen el partido de irse o de fundar otro monasterio, o de pedir a Dom Gérard su dimisión… No, nada, obedecen[17]”. Monseñor Lefebvre, que tenía respeto de la autoridad, quiso visitar los oficiales superiores encarcelados en la prisión de Tulle por el golpe de estado de Argelia. Uno de “estos héroes del cual yo veía su prisión desde el obispado[18]” narra este hecho: “El director de la prisión sabía que nosotros [el Cte. Camelin y el Teniente de buque Guillaume] éramos cabecillas e ignoraba hasta dónde podíamos llegar. Un día, durante una convocatoria, él me dijo: “Ustedes, oficiales, deberían poner el ejemplo de la disciplina en prisión”. ¡En prisión, dar ejemplo de servidumbre es el colmo![19]”


        Imitemos la conducta del P. Altamira en Colombia. Siguió en su lugar como prior para instruir a sus fieles de la traición en curso, el día de su cambio/depuración (pues Mons. Fellay no nos dirá jamás en la cara las razones por las cuales se deshace de nosotros), él pudo decir un non possumus y partir con la mayoría de los fieles para reconstruir. Nosotros no podemos abandonar a los fieles pero tampoco podemos dejar a nuestros superiores hablar y actuar en nuestro nombre contra la verdad. Los cofrades que deseen coordinar sus fuerzas pueden tomar contacto con Mons. Jean Michel Faure: cjmfaure@gmail.com, felizmente consagrado el 19 de marzo de 2015 por Monseñor Williamson en la Santa Cruz.

         No huyamos el combate por temor de compartir la soledad de Cristo en su agonía:

       « El miedo de ser ridiculizados, de ser molestados en la acción apostólica, de ser condenados a la inseguridad material. En todas partes el miedo de la relegación sociológica. Demasiado raros son aquellos que, a causa del Señor y de su Nombre, se burlan del aislamiento de hoy en día y de la incertidumbre del mañana”.                                   (P. Calmel,Itinéraires n° 148).


La Redacción





[1] The Angelus, el 20 abril 2013 – DICI del 07/06/13.
[2] 12 agosto de 2014, documento audio en La Porte Latine.
[3] DICI, n° 302 del 10 octubre 2014.
[4] Mons. Fellay, Cor unum de marzo 2012.
[5] Walter Brandmüller, Le chiavi di Benedetto XVI per interpretare il Vaticano II, Sienne, Cantagalli, 2012.
[6] Mons. Athanasius Schneider, Entrevista del 30 mayo 2014 con la Latin Mass Society, publicada por la Porte Latine.
[7] Mons. Lefebvre, Prologo del Itinerario espiritual, Edition Tradiffusion, Bulle, 1991.
[8] Declaraciones del P.  de Jorna regogidas por “Il Bolletino delle parrochie dell’isola” el 15 mayo de 2001, DICI n°9, p. 12-15.
[9] P. Celier, « L’Eglise déchirée, Appel aux catholiques Ecclesia Dei », Ediciones Gricha, 1994, p. 81 à 86.
[11] P. Gaudray, Le Carillon du Nord, n°170, Febrero de 2015.
[12] B.O. de la Fraternidad San Pio– Julio de 2013 – N° 251.
[13] Su crimen fue tanto más intolerable que él anexó a su texto el dibujo que mandó hacer Mons. Lefebvre en 1986 donde Nuestro Señor manda a Juan Pablo II al infierno… El P. Pfluger, respondiendo a un hermano molesto por esas “canonizaciones”: “No escandalizarse. Es otro concepto de la santidad respecto al que nosotros concebimos. Pero siempre ha sido así en la Iglesia, cada papa ha beatificado a su predecesor” (Flavigny, enero de 2014)
[14] Mons. Lefebvre, El golpe maestro de Satanás, 13-10-1974.
[15] Declaración doctrinal de los tres obispos, 27 junio 2013.
[16] « A fuerza de no vivir como se piensa, se termina por pensar como se vive… »
[17] Conferencia en Ecône del 8 octubre 1988.
[18] Marcel Lefebvre, Clovis, 2002, p. 286.
[19] Memorias de Pierre Guillaume, Plon, 2006, p. 321.




martes, 19 de mayo de 2015

R.P. TRINCADO - SERMÓN DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENCIÓN







Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas, y viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que sirve a Dios. Y os harán esto porque no conocieron al Padre ni a Mí. 
San Juan Crisóstomo comenta que Nuestro Señor intenta consolar a los Apóstoles con estas palabras, como si dijera: basta para vuestro consuelo el saber que padecéis esto por mí y por mi Padre. Nos dice Cristo: Me persiguieron a Mí y os perseguirán también a vosotros. La persecución es para nosotros católicos el pan nuestro de cada día; esta es la señal de que somos discípulos verdaderos de Jesucristo (P. B. Martín Sánchez en “El Reino de los Cielos Padece Violencia"). Esa es la verdadera señal, el sello de la auténtica catolicidad, ¡no las certificaciones o reconocimientos de gobiernos revolucionarios o de prelados herejes!


Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis, es decir, no tropecéis y seáis vencidos al ver que la persecución viene a veces de donde menos podía esperarse: de los buenos, de los más cercanos, de los amigos, de los superiores, de los compañeros de combate. Jesús nos previene para que no incurramos en el escándalo de que habla Mt 13, 21 (Mons. Straubinger): el sembrado en pedregales es el que oye la palabra y la recibe con gozo, pero no tiene raíz en sí mismo sino por un tiempo, y cuando viene la tribulación o la persecución por la palabra, pronto se escandaliza.


Os expulsarán de las sinagogas -o de la Iglesia mediante excomuniones, como en 1988; o de la congregación, o de la feligresía, como sucede en la Fraternidad desde el 2012-, y viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que sirve a Dios. Y os harán esto porque no conocieron al Padre ni a Mí. Dice Mons. Straubinger: Rara vez habrá quien haga el mal por el mal mismo, y de ahí que la especialidad de Satanás, habilísimo engañador, sea llevarnos al mal con apariencia de bien. Así Caifás condenó a Jesús, diciendo piadosamente que estaba escandalizado de oírlo blasfemar, y todos estuvieron de acuerdo con Caifás. Lo mismo hizo Ménzingen cuando condenó la consagración de Mons. Faure.

Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución, dice San Pablo (2 Tim 3. 12). No hay duda de que todos los que quieren vivir conforme a la doctrina de Cristo serán perseguidos por envidia y malicia. Serán perseguidos por los demonios... por el mundo corrompido... Se les llenará de injurias, de burlas, de afrentas, de desprecio, siempre por envidia, ceguedad, injusticia y crueldad. Serán perseguidos en odio a la verdad, de los buenos ejemplos, del Evangelio, de la religión, del orden, de la sana doctrina, de la moral (…)... Serán perseguidos por sí mismos, por la concupiscencia, por el hombre viejo, que afrentan, que encadenan a pesar suyo, y que someten al espíritu.


No es cosa nueva que las almas piadosas sean perseguidas; esto se verifica desde el principio del mundo. Así Caín persiguió al piadoso Abel, su hermano, y le mató. (…) Abraham fue perseguido por los cananeos. Lot por los sodomitas. Isaac por Ismael. Jacob por Esaú, José por sus hermanos, Moisés por el faraón. Los hebreos primero por los egipcios y más tarde por los filisteos y otras naciones. Saúl persiguió a David; Absalón persiguió a su padre David; Manasés persiguió a Isaías; los judíos persiguieron a Jeremías, a Amós, a Ezequiel y a los demás profetas. Nabucodonosor persigue a Daniel (...) Herodes (el Grande) persigue a los santos Inocentes y (Herodes Antipas) hace decapitar a San Juan Bautista; Jesucristo es perseguido hasta su muerte... Los apóstoles  son perseguidos de mil maneras, y se les sentencia muerte por ser discípulos de Jesucristo... ¡Cuántos millares de mártires!... Todos los santos han sido más o menos perseguidos... (P. B. Martín Sánchez, ibíd.). Pensemos en los Cristeros perseguidos por los masones, en México, en el siglo pasado. En los católicos perseguidos por los comunistas en España, por la misma época, y en el resto del mundo durante la mayor parte del siglo XX. Pesemos en la muy sangrienta persecución que se desarrolla actualmente en el medio oriente. Pensemos en los millones y millones de niños asesinados en el vientre de sus madres…


Volvamos a la persecución de los católicos por los mismos católicos, que no por menos brutal es menos injusta, y que hoy nos toca padecer a nosotros en la Resistencia: Dice Mons. Lefebvre (“Itinerario Espiritual”): Así como el Israel del Antiguo Testamento tuvo una historia muy turbulenta por sus continuas infidelidades con Dios, muchas veces debidas a sus jefes y a sus levitas, así también la Iglesia militante (…) conoce sin cesar períodos de pruebas por causa de la infidelidad de sus clérigos, por sus compromisos con el mundo. Cuanto de más arriba vienen los escándalos, tantos más desastres provocan. Cierto es que la Iglesia en sí misma conserva toda su santidad y sus fuentes de santificación, pero la ocupación de sus instituciones por papas infieles y por obispos apóstatas, arruina la fe de los clérigos y de los fieles, esteriliza los instrumentos de la gracia, favorece los asaltos de todas las potencias del Infierno, que parecen triunfar. Esta apostasía convierte a estos miembros en adúlteros, en cismáticos opuestos a toda tradición y en ruptura con el pasado de la Iglesia, y, por lo tanto, con la Iglesia de hoy, en la medida en que ella permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor. Todo lo que sigue siendo fiel a la verdadera Iglesia es objeto de persecuciones salvajes y continuas (…)Pero no somos los primeros perseguidos por falsos hermanos por haber conservado la fe y la tradición; el Martirologio nos lo enseña cada día. Cuanto más ultrajada está la Iglesia, tanto más debemos aferrarnos a Ella, en cuerpo y alma, y esforzarnos por defenderla y asegurarle su continuidad, valiéndonos de sus tesoros de santidad para reconstruir la Cristiandad (…) algunos nos perseguirán, como persiguieron a Nuestro Señor y a los apóstoles: “Me odian, os odiarán”. Lo que importa es que (…) por encima de todo guardemos la fe, ya que por ella murió Nuestro Señor (…); por ella murieron todos los mártires; por ella se santificaron todos los elegidos. Huyamos de quienes nos la hacen perder o la disminuyen.


Estimados hermanos: somos perseguidos porque queremos mantenernos enteramente católicos. Tengamos, entonces, siempre presentes las palabras eternas de Cristo: Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos... por mi causa seréis conducidos ante los gobernadores y los reyes para dar testimonio de mí ante ellos y ante las naciones (Mt 10 16-18). En el mundo tendréis grandes tribulaciones, pero tened confianza: yo he vencido al mundo (Jn 16 33). Sabed que yo estaré siempre con vosotros, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Felices los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 10). Felices seréis cuando os insulten y os persigan, y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por mí. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa (Mt 10 11). El que pierda su vida por mi amor, la salvará (Lc 9, 24). 



Publicado por Syllabus Errorum 

Pecado Vengado

Comentarios Eleison
Por su Excelencia Richard Williamson
Número CDIX (409)
16 de mayo de 2015

Monseñor Richard Williamson

        Quienquiera “Dios” sea, la culpa es de Él hoy en día.
        Sin embargo, ¿quiénes sino los hombres inflaman la Ira Divina?

        Inmersos como todos estamos en el mundo alrededor nuestro, resulta difícil, especialmente para la gente joven, darse cuenta en qué situación tan anormal el mundo se ha puesto. Nunca en toda la historia de la humanidad ha sido Dios tan desacreditado, descreído y, en efecto, eliminado de la vida de los hombres. Y, dado que todo pecado es primordialmente una ofensa contra Dios, entonces así como los hombres pierden todo sentido de Dios, así ellos pierden todo sentido del pecado. Por consiguiente, los hombres están siempre en lo correcto, y “Dios”, quienquiera que Él pueda ser, está siempre en lo incorrecto, de manera tal que cuando las cosas van mal “Él” puede ser siempre traído de vuelta por el tiempo que sea suficiente para echarle la culpa.

        Esta actitud ampliamente difundida hace prácticamente imposible comprender la aparente severidad de Dios en el Antiguo Testamento donde, por ejemplo, comanda a los Israelitas a exterminar pueblos enteros, tal como en el libro de Josué. Pero los eruditos de la Escritura católica que no han perdido su sentido del verdadero e inmutable Dios, ponen las cosas de vuelta en perspectiva. He aquí, por ejemplo, un resumen del comentario realizado por un Benedictino moderno, Dom Juan de Monléon (1890–1981), acerca de la matanza de los Cananeos por parte de los Israelitas, bajo su líder, Josué:—

        En cuanto a Josué mismo concierne, él no estaba actuando por odio, racismo, codicia, ambición, o lo que fuere, sino bajo estrictas, precisas y repetidas órdenes de Dios mismo. San Juan Crisóstomo dice que Josué pudo haber personalmente preferido alguna solución menos asesina, pero que ciertamente Dios tenía sus propias razones. Estas no las podemos saber por seguro pero podemos hacer conjeturas razonables. Para empezar, todos nosotros seres humanos, a causa de nuestro pecado original (“¿Qué es eso?” grita el hombre moderno), tenemos que pagar la deuda de la muerte, cuyo momento, manera y lugar son decididos por el Dueño de la Vida y de la Muerte, que es Dios. Para pecadores como los Cananeos, morir más vale antes que después podía ser una misericordia, especialmente si la manera de la muerte les dio a ellos tiempo para arrepentirse y salvar sus almas para la eternidad.

        Luego, los Cananeos eran ciertamente pecadores, inmersos en la perpetración de crímenes terribles y, tanto como la humanidad antes del Diluvio, o como los Sodomitas y Gomorranos, ellos habían hecho que la copa de la ira de Dios desbordara: prostitución de todos los tipos, bestialidad, incesto, brujería y, en particular, el asesinato ritual de niños, como lo prueba múltiples excavaciones arqueológicas en Palestina por las cuales diminutos esqueletos han sido descubiertos en contextos que claramente los identifican como víctimas sacrificatorias, etc. Es más, si a los Cananeos se les hubiera permitido sobrevivir, ellos hubieran present ado un grave peligro de corrupción para los Israelitas, como la historia subsiguiente únicamente bien claramente lo demostró.

        En tiempos más recientes, hace algunos 400 años (¡pero todavía antes del advenimiento del liberalismo!), los primeros misioneros en Canadá se encontraron obligados a concluir que la única manera de tratar con una cierta tribu india era exterminándola. Una Santa canonizada dijo, “Luego de repetida experiencia de su traición, sea por la paz o sea por la Fe no hay ninguna otra esperanza que albergar para ellos”. (Fin de Dom Monléon)

        Esto todavía choca a las susceptibilidades modernas, pero ¿no es simplemente pena capital tribal en oposición a la individual? El principio de la pena capital es que por tales crímenes anti-sociales tales como, por ejemplo, asesinato, traición, falsificación, homosexualidad, etc., los hombres son capaces de comportarse de tal manera como para hacerse ellos mismos ineptos para vivir ya más en sociedad y, entonces, la legítima autoridad de la sociedad tiene el derecho de quitarles sus vidas (uno puede objetar que no todos los individuos en una tribu serán igualmente culpables, pero está de más decir que Dios Todopoderoso puede hacer, y hará, todas las distinciones necesarias).

        Todo el problema se resume en el descreimiento de la grandeza y de la bondad de Dios, pero digamos aquí simplemente que el Antiguo Testamento no es tan cruel ni tan pasado de moda como a menudo se lo hace parecer.

        Kyrie eleison.




sábado, 16 de mayo de 2015

EL P. BOUCHACOURT APRUEBA LOS PECADOS MORTALES DE SUS SACERDOTES. LA SAPINIÈRE

Sábado, 16 de mayo de 2015

Padre Bouchacourt



Estos son los hechos:

La Señora V. es una católica de 87 años, piadosa y celosa. Ella se consagró desde hace décadas al priorato de la FSSPX en Perpiñán. En marzo de 2015, la Sra. V recibió en su casa y junto a algunos amigos, a Mons. Williamson para asistir a Misa y escuchar una conferencia sobre las encíclicas liberales.

Desde ese día, el P. de la Motte, el prior de la FSSPX en Perpiñán [incardinado en la diócesis desde hace pocos días], se negó a darle la santa comunión, incluso cuando ella se presentaba en el comulgatorio.

Amenazada de ser expulsada de la capilla a la cual ella tanto se dedicó, la Sra. V. le preguntó varias veces al prior por qué él juzgaba su conducta gravemente pecaminosa. Pero ninguna justificación pudo darle. Efectivamente, ¿en qué, el recibir a un obispo católico consagrado por Mons. Lefebvre, que no tiene ni más ni menos jurisdicción que sus otros cofrades en el episcopado, constituiría una falta moral grave que justifique el negarle la comunión?

Para el P. Renaud Joubert de la Motte, “la situación de la Sra. V. no es complicada”, explicó a un fiel de Perpiñán indignado por este escándalo. Él convocó a la Sra. V para pedirle renunciara a recibir en su casa a Mons. Williamson (¿con qué derecho?) y le “advirtió de las sanciones si realizaba este acto público” (¿con qué derecho?). Para admitir de nuevo a la Sra. V a la comunión, el P. de la Motte le exigió “una carta de perdón por haber recibido a Mons. Williamson en su casa, un domingo, durante la misa del priorato” y “una carta de compromiso para no hacer mal espíritu y proselitismo (lo que por cierto no hacía) para la famosa resistencia en el seno del priorato…”

El P. de la Motte ordenó a sus vicarios negarle la comunión a la Sra. V. y esto en contra del derecho canónico de la Iglesia.

El canon 853 dice muy claramente: “Todo bautizado a quien no le está prohibido por el derecho, puede y debe ser admitido a la sagrada comunión”.

Y el canon 855 : « § 1 Deben ser negada la eucaristía aquellos que son públicamente indignos, como los excomulgados, los interdictos y aquellos que son manifiestamente infames, hasta que conste su penitencia y enmienda y siempre y antes hayan reparado el escándalo público. § 2 En cuanto a los pecadores ocultos, si piden la comunión de manera oculta y si el ministro sabe que no se han enmendado, debe repelerlos; pero no si la piden públicamente y no hay modo de hacerlo sin escándalo”.

Después de varias semanas de negarle la comunión a la Sra. V., una declaración de solidaridad fue enviada al P. de la Motte firmada por 25 fieles de los 40 presentes. Durante ese tiempo, la Sra. V. le preguntó a un joven vicario cómo podría hacer su comunión de Pascua, éste le respondió a la mujer, que había luchado desde la primera hora contra la revolución conciliar, que solo le quedaba ir a la Fraternidad San Pedro…

El superior de distrito de Francia fue alertado por un fiel de Perpiñán. El P. Bouchacourt respondió con “franqueza”. Le reprochó a Mons. Williamson el « criticar a Mons. Fellay », su « superior » y su « familia religiosa ». El P. Bouchacourt olvidó precisar si las críticas fueron hechas con razón o sin ella, pero no vaciló en afirmar:

 “Yo no podría admitirlo porque tengo espíritu de cuerpo. Por su actitud, Mons. Williamson divide la tradición. Al cruzar Francia, como lo hace, es subversivo, y recibirlo para que actúe así no es moralmente bueno. El P. de la Motte advirtió a la Sra. V. La orden del prior no es contra la fe o la moral. Era necesario obedecer. El papel del prior es el velar por la unidad de su rebaño. Mons. Williamson se comporta como un lobo. Hay que alejarlo e impedirle dañar. La organización de un priorato no es democrática.

Todo el mundo apreciará la sólida teología de este alto representante de la FSSPX:
¡Obediencia! ¡Obediencia! ¡Obediencia! ¡Obediencia!

Por parte de un hijo de Mons. Lefebvre, que nos enseñó a desobedecer a los hombres para obedecer a Dios, esta explicación es insatisfactoria.  El P. Bouchacourt predica entonces la unidad en la iniquidad, sostiene que recibir a Mons. Williamson en la casa va contra la fe y la moral y concibe la organización de un priorato como una tiranía.

La sana teología afirma las simples verdades siguientes, desgraciada y escandalosamente despreciadas por los padres Bouchacourt, de la Motte y sus vicarios.

a) El sacerdote debe siempre negar la comunión a aquellos que son pública y notoriamente indignos (excomulgados, interdictos, pecadores públicos, herejes o cismáticos, incluso de buena fe…)

b) El sacerdote puede negar a comunión a todo pecador oculto, a condición de hacerlo secretamente y sin escándalo (es escandaloso todo hecho que pueda producir una falta moral en otro).

El caso de la Sra. V. no corresponde ni al caso a) ni al caso b). El sacramento ha sido negado injustamente y “la gravedad de esta injusticia corresponde objetivamente a la gravedad del daño real causado” explica el P. Vittrant en su Teología Moral de 1943.

Mientras tanto, el P. de la Motte se decidió a abandonar la FSSPX para unirse a la iglesia conciliar. Durante una misa celebrada por su salida (pues ahora estos gestos se festejan en la FSSPX), la pequeña ceremonia pareció más un simple cambio de prior que a la traición de un combatiente (¡y dicen que nada ha cambiado en la Fraternidad!). Un vicario tomó la palabra para decir que se abstenía de todo juicio temerario y anunció que “El P. de la Motte dejaba la FSSPX para ponerse al servicio de la diócesis de Versalles”. ¡Oh! ¡Qué términos tan elegantes se utilizan cuando se dicen estas cosas! ¡El desertor se convierte en un buen pastor!

El P. Rousseau, después de haber sido sancionado por su viva reacción contra las seudo-canonizaciones de Francisco, fue designado, catastróficamente, nuevo prior de Perpiñán. Pero ni los años ni los golpes lo han vuelto más clarividente. Fue a la casa de la Sra. V. para informarle que, si quería poder comulgar de nuevo en el priorato, era necesario prometerle que no recibiría más a Mons. Williamson ni a ninguna personalidad de la resistencia. En pocas palabras, un vil y odioso chantaje con el sacramento… La Sra. V., de 87 años y cansada de ser víctima de tan injusta persecución, terminó por ceder.

Nadie podrá culparla. Ni el buen Dios ni los hombres. Son más dignos de reproche los Padres Bouchacourt, de la Motte, Rousseau y sus vicarios que han pecado mortalmente.

La FSSPX ha perdido la cabeza completamente. No solamente actúa de manera abusiva como si tuviera una jurisdicción ordinaria sobre los fieles olvidándose de su simple jurisdicción de suplencia, sino que también contradice sin ningún escrúpulo las leyes más santas y las más graves de la teología moral y del derecho canónico. La FSSPX oculta su debilitamiento doctrinal con un endurecimiento pastoral inicuo.

La teología moral de San Alfonso de Ligorio indica que ninguna “censura puede ser impuesta contra las personas sobre las cuales no se tiene jurisdicción”. La FSSPX no tiene ninguna jurisdicción ordinaria sobre los fieles de Cristo. Recordemos lo que Mons. Lefebvre dijo respecto a la “jurisdicción de suplencia”:

Sin embargo, hay que precisar que una autoridad de suplencia no tiene las mismas características que la autoridad que existe ordinariamente en la Iglesia: No es una jurisdicción territorial como la del obispo diocesano o el Cura de Parroquia: se ejerce solamente sobre las personas que recurran a ella. La jurisdicción de suplencia se ejerce caso por caso, por lo que no es habitual, es decir que las personas que se benefician de ella pueden retirarse y la autoridad de suplencia no tiene ningún poder para hacerlos regresar. Ella depende de la necesidad del fiel, habiendo estado de crisis. Es en la medida en que los fieles tengan necesidad de estos obispos o sacerdotes para la salvación de su alma, que la Iglesia creó este lazo de autoridad entre ellos. Todo esto muestra que la jurisdicción de suplencia da una autoridad limitada y muy delicada para ejercer. La autoridad jurisdiccional del obispo, no viniéndole de una nominación romana, sino de la necesidad de salvación de las almas, deberá ejercerse con una delicadeza particular (Monseñor Lefebvre, nota del 20 de febrero de 1991, citado en Le Sel de la Terre n° 87, pág. 142)

El triste caso de la Sra. V. es una prueba suplementaria que la dominación de la FSSPX se ha convertido en una dominación perversa. El bien de las almas ya no es el fin de las autoridades de la FSSPX más que de manera puramente retórica… Las represiones, expulsiones y sanciones que ella siembra en todas partes manifiestan una grave deriva moral como doctrinal.
Monseñor Fellay lo ha dicho claramente el 20 de diciembre en el seminario de La Reja: La Iglesia oficial es la Iglesia visible. Esa es la Iglesia Católica y punto!” [1]

Todos los que se atrevan a contradecir este juicio perentorio serán destrozados y triturados de una u otra manera. Pero estén tranquilos: ¡nada se ha firmado!
[1] Mons. Fellay, Buenos Aires.

ADDENDUM DEL BLOG: en cambio, el P. Bouchacourt sí es un pecador público desde que negó públicamente el deicidio cometido por el pueblo judío. A él sí que se le deben negar los sacramentos ni le está permitido administrarlos mientras no conste su penitencia y enmienda y antes haya reparado el escándalo público (can. 855 § 1).

Publicado por Non Possumus