sábado, 7 de noviembre de 2015

AYER Y HOY DE MONSEÑOR FELLAY

jueves, 5 de noviembre de 2015




Tras la reunión interreligiosa en Fátima en octubre de 2003, dijo el Superior general de la FSSPX:

“¿Cómo podríamos dejar pasar en silencio tales aberraciones? Nosotros rechazamos cualquier acuerdo diferenciado, afirmamos la contradicción entre lo verdadero y lo falso y nuestra firme voluntad de no tener “nullam partem” en semejante empresa ya que, sencillamente, queremos seguir siendo católicos. Escon horror y repugnancia que nos alejamos de esa manera de considerar la Iglesia y de vivir en “comunión”. ¿Cómo puede pretenderse que la “Roma” modernista haya cambiado, que se haya vuelto favorable a la Tradición? ¡Cuántas ilusiones!”.

Mons. Fellay, Carta a los amigos y benefactores Nº 65, Diciembre 2003.


Tras las reuniones interreligiosas propiciadas por Francisco, como las recientes en Nueva York o en el Vaticano en la audiencia general, estas son las declaraciones de Mons. Fellay al respecto:






Tras el reciente Sínodo destructor de la familia, Mons. Fellay, ya sin sentir "horror y repugnancia" como años antes, sólo atinó a decir sobre Francisco: “rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco,y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos”. Pero, como comentó acertadamente  un lector en un sitio web afín a la Neo-Fraternidad:

"...rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco, y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos..." Leo esto y me pregunto... Quién pensará Monseñor Fellay que son los enemigos de Francisco? Porque la verdad, hay una tonelada de Santos, Doctores de la Iglesia y 2000 años de magisterio que son enemigos declarados de Bergoglio. Digo, nada más...”. Exactamente: Francisco le ha declarado la guerra a la Tradición, a todos nosotros, y tiene al auténtico catolicismo por enemigo.  ¿Mons. Fellay no lo ve, o no lo quiere ver?





LA HORROROSA NEO IGLESIA DE LA NEO FSSPX EN ESPAÑA

viernes, 6 de noviembre de 2015



¿LA NEO-FSSPX CELEBRA HALLOWEEN?
 ¿ESTÁ ERIGIENDO UNA IGLESIA MASÓNICA?
 ¿O SIMPLEMENTE SE TRATA DE PÉSIMO GUSTO?
UNA IGLESIA MODERNISTA PARA SER PARTE DE LA IGLESIA MODERNISTA DE LOS ANTICRISTOS

Antes podíamos ver esperpentos como estos sólo en la iglesia conciliar:







Pero ahora la Neo FSSPX se pone a tono con la horrorosa y masónica Neo Iglesia anticatólica.


Las siguientes imágenes estás tomadas del sitio oficial de la FSSPX de España (acá), y muestran las obras de la nueva capilla de Santiago Apóstol que están construyendo, para la cual piden donativos:

La cara de la Santísima Virgen, en la versión modernista y en la versión neo-fraternitaria. Si quieren ingresar a una pseudo-iglesia de chatarra, deben asimilarse a través de un “Arte de chatarra”, ¿verdad?


Ampliación de la imagen. Y después la Neo-FSSPX viene a hablar de la “belleza de la liturgia”…



Otra vista del mamarracho. “La muerte pasea sobre la luna” podría titularse. Sí, el diablo metió allí su larga cola, como puede apreciarse. La cruz apenas se distingue, mientras que se destacan bien tanto la media luna como la cola del dragón.


Detalle que genera muchas sospechas. ¿Es eso un huevo? ¿Y qué hace un huevo al pie de la Virgen? ¿Se trata del huevo órfico? ¿Puede señalársele simbología gnóstico-masónica? ¿O quizás venga a ser la “cara” de un ángel? Quizás haya que esperar a que esté terminada la nueva capilla-chatarra para advertir otros detalles que completen la interpretación.


Fachada de la nueva capilla discoteca de la Neo-FSSPX.


De noche aparece mucho más perturbadora.
 Yo que Ud. camino por la vereda de enfrente…


Otro ángulo del “boliche”.


Detalles en la fachada de la “disco”:
 la marca registrada de la FSSPX.


El gran culpable del engendro: Mons. de Galarreta.
 Aquí con los Padres Mestre y Jiménez.


El obispo impecable y sus serviles secuaces. 
Obedientísimos.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Resistencia Católica

Monseñor Marcel Lefebvre

La Resistencia es el grupo de aquellos católicos que cumplen con el sagrado deber de continuar el combate sin tregua contra el liberalismo y los liberales, contra el modernismo y los modernistas, contra todo error que se oponga a la Verdad católica y contra aquéllos que los propagan, sean quienes sean. La Resistencia no se limita a la crisis actual de la FSSPX. La misma Fraternidad es una congregación creada para hacer Resistencia. Por eso lo que hoy se conoce como Resistencia no es otra cosa que la continuación del espíritu y de la lucha de Mons. Lefebvre. ¿Y cuál era el combate de Mons. Lefebvre? ¿Qué lo movió a enfrentarse al resto de la Iglesia y al mundo entero, a todos y a todo? Pues la salvación de las almas, que es el verdadero fin de la Iglesia Católica y, por tanto, el fin de la Resistencia. Es necesario que se comprenda bien esto: la Resistencia no es un grupo de rebeldes, desadaptados o desequilibrados, no es un conjunto de sacerdotes con muchas cosas que ocultar, que gustan de la autonomía y que son seguidos por laicos fanáticos y extravagantes. No. La Resistencia, pese a su insignificancia cuantitativa y a todas sus demás miserias y falencias, es una obra de Dios. Surgida de ese instinto o reflejo católico que impulsa a ir hacia la luz y a alejarse de las tinieblas, la Resistencia es una reacción suscitada por el fuego del Espíritu Santo para combatir en defensa de las almas, para conservar incontaminada la Verdad que las salva.


 (R.P. Trincado)

Nuevamente, Cultura

Comentarios Eleison 
por su Excelencia Richard Williamson
Número CDXXXIII (433)
31 de octubre de 2015

Monseñor Richard Williamson


Católicos, no se nieguen a escuchar a paganos –
Agustín dijo, “Toda Verdad pertenece a nosotros”.

          Una lectora de los ‘Comentarios’ cuestiona nuevamente el valor de la cultura no católica cuando ella los ataca por alabar a Wagner (CE 9) y a T.S.Eliot (CE 406, 411). Para ella, T.S.Eliot debe ser descartado como Protestante, mientras que Wagner es un diablo Jacobino enamorado del Budismo, cuya música está cargada con impureza gnóstica. Ahora bien, ambos Eliot y Wagner tienen sus faltas, faltas graves cuando se las mide en relación a la plenitud de la verdad católica, lo que los ‘Comentarios’ arriba mencionados indicaron. Pero en nuestra época enferma estos artistas tienen su utilidad, la cual se deja resumir en unas pocas palabras atribuidas a San Agustín: “Toda verdad pertenece a nosotros Cristianos”.

          Eliot y Wagner pertenecen ambos a la “cultura” de antaño. Cultura definiremos para nuestros propósitos aquí, como las historias, músicas e imágenes que los hombres de todos los tiempos necesitan y absorben para nutrir sus mentes y corazones. Así definida, la cultura refleja y revela, enseña y moldea. Refleja porque es el producto de algún escritor, músico o artista que tuvo el talento de dar expresión a lo que estaba pasando en las almas de sus contemporáneos. Si fue popular en su tiempo, reveló parte de lo que estaba pasando en sus almas, y si ha devenido desde entonces un clásico, como Eliot y Wagner, eso es porque refleja y revela parte de lo que pasa en las almas de los hombres de todos los tiempos. Así Eliot, a partir de la pobreza misma de su crianza Unitaria, estuvo capacitado para dibujar su retrato abrumador del hombre moderno, mientras que Wagner por un talento inmenso, al margen de cualquier budismo o gnosticismo, llenó sus óperas con una riqueza de verdadera psicología humana que miles de comentaristas no han dejado de interpretar desde entonces.

          La cultura también moldea y enseña porque el escritor o el músico o el artista dan expresión y forma a movimientos, hasta entonces sin forma, en las mentes y corazones de sus contemporáneos. Shelley llamó a los poetas “los legisladores no reconocidos del mundo”. Elvis Presley y los Beatles tuvieron una enorme influencia en la juventud moderna por generaciones a venir. Picasso casi creó el arte moderno y así para la gente moderna modeló en una gran medida como visualiza el mundo alrededor de ella. Estos ejemplos particulares de la influencia enorme de la literatura, la música y las artes sobre los seres humanos son apenas motivo de regocijo, porque el hombre moderno es tan impío, y hay en él tan poco que valga la pena de ser reflejado o expresado. Sin embargo no se puede negar cuan enorme es la influencia.

          Breve, la cultura se basa en, y se emite desde, las almas de los hombres. Y a la Iglesia Católica pertenece salvar para la eternidad estas almas. Entonces, ¿cómo podría descuidar la cultura? Desde que la Iglesia empezó, sus escritores, de ella, han dirigido los pensamientos de los hombres y sus artistas y músicos han llenado con belleza sus iglesias para elevar las almas a Dios. Pero alguien puede objetar: Eso vale para la cultura católica, de acuerdo, pero ni Eliot ni Wagner eran Católicos. Entonces, ¿cómo pueden servir ellos a la Iglesia?

          En el hombre hay tres cosas: gracia, pecado y naturaleza. Proveniente de Dios, nuestra naturaleza básica no puede ser otra que buena, pero en cuanto maculada por el pecado original, es débil y se inclina a la maldad. Entonces la naturaleza es como el campo de batalla en la guerra entre la gracia y el pecado para la posesión eterna de esa naturaleza. La gracia levanta y cura esa naturaleza. El pecado la derriba, para abajo. De allí la guerra sin fin. Ahora bien, a Eliot y a Wagner les carecía la gracia, muy posible, pero a ambos Dios dio talentos que los hicieron maestros de la naturaleza. La Iglesia es Comandante en Jefe por la salvación de las almas. ¿Cómo podría no estudiar el campo de batalla, y no sacar todo posible provecho de los maestros de la naturaleza para conocer las almas de su tiempo y enseñarles?


Kyrie eleison.

jueves, 29 de octubre de 2015

SOBRE LA DECLARACIÓN DE MONS. FELLAY REFERENTE A LA RELACIÓN FINAL DEL SÍNODO

jueves, 29 de octubre de 2015



El rosa lo aporta esta vez el distrito Sudamérica.


Tras la anterior súplica con rosas, Mons. Fellay acaba de emitir esta vez una declaración sin rosas 
pero también sin espinas (léase acá:http://www.dici.org/en/documents/declaracion-sobre-la-relacion-final-del-sinodo-de-la-familia-2/) sobre la Relación final del Sínodo de la familia.

Fiel a su estilo modoso y conciliador, es en general inobjetable en las verdades doctrinales que recuerda (con una excepción que veremos debajo). Pero como siempre en su blandura deja inmune de toda crítica al responsable número uno de la actual destrucción de la religión católica, que es Francisco. Una cosa es que podamos rezar con la fórmula non tradat eum in manus inimicorum ejus, pero otra muy distinta es que no reconozcamos públicamente que el anticristo Francisco es el gran enemigo de la Iglesia, y el que hace mejor que nadie la obra del diablo. Vean esta interesante nota en un sitio web precisamente neofraternitario: http://panoramacatolico.info/articulo/ipsa-conteret que demuestra palmariamente la clase de enemigo que tenemos enfrente. Pero incluso los tradi-conservadores de The Remnant lo dicen con todas las letras:http://www.adelantelafe.com/el-papa-francisco-esta-a-todos-los-efectos-en-guerra-con-la-iglesia/. Incluso el mismo Michael Matt dice que “el tiempo de la diplomacia ya se acabó”…aunque después diga que Mons. Fellay es “un hombre manifiestamente santo” cuando en realidad lo que vemos es que Mons. Fellay es “un hombre manifiestamente diplomático”. Y esto cumple decirlo.


Mons. Fellay empieza su declaración diciendo algo que podría aplicársele perfectamente a él:

“La Relación final de la segunda sesión del Sínodo de la familia, publicada el 24 de octubre de 2015, lejos de manifestar un consenso de los padres sinodales,constituye la expresión de un compromiso entre posturas profundamente divergentes. En ella se puede ver que se recuerdan ciertos puntos doctrinales sobre el matrimonio y la familia católica, pero también se notan lamentables ambigüedades y omisiones…”. 


Desde el 2012 a la fecha, a través de la Declaración doctrinal ambigua entregada a Roma, y de diversas acciones y declaraciones, se ha venido viendo ese “compromiso entre posturas profundamente divergentes” entre Roma y la Neo-FSSPX, lo cual refrendó Roma con el reconocimiento a la Neo-FSSPX en Argentina, el reconocimiento de la validez de sus sacramentos durante el “Año de la Misericordia”, la adhesión de la Neo-FSSPX a ese “Año de la Misericordia”, etc.

Distrito de México y una imagen sugestiva.




Otro párrafo que merece destacarse de esta declaración es el siguiente (marcamos algo con negritas):

“Cuando la Iglesia docente declara el sentido de estas verdades contenidas en la Escritura y la Tradición, lo impone con autoridad a los fieles para que lo crean como revelado por Dios. Es erróneo decir que al Papa y a los obispos corresponde ratificar lo que les sugiere el sensus fidei o la experiencia común del Pueblo de Dios”.

“Pueblo de Dios” es la nueva forma de denominar o definir a la Iglesia, que incluye a quienes están fuera de la misma, surgida del Vaticano II. El CIC nuevo en su canon 204 dice que la Iglesia de Dios “subsiste” en la Iglesia católica, pero no “es”. La denominación amplia que incluye a todos como parte de la Iglesia es dada en la expresión “Pueblo de Dios” introducida por los progresistas del concilio, y que ahora Mons. Fellay retoma en su Declaración. Lo cual demuestra el grado de esa contaminación conciliar en el obispo suizo.

Dice más abajo Mons. Fellay:

“Nadie puede conceder a los obispos la facultad de suspender la ley de la indisolubilidad del matrimonio ad casum sin exponerse a que se vuelva sosa la doctrina del Evangelio y quede troceada la autoridad de la Iglesia. Pues, en esta perspectiva errónea, lo que se afirma doctrinalmente podría negarse pastoralmente, y lo que está prohibido de jure podría estar autorizado de facto.

Bueno, nadie puede hacer eso, pero de hecho Francisco sí lo hizo. ¿Y ahora qué va a hacer Mons. Fellay al respecto? ¿Se lo va a decir de frente acusándolo claramente, o seguirá con su estrategia de “decir la verdad pero sin condenar a los agentes del error”, para no herir a nadie? Está claro que Mons. Fellay mide cada palabra suya, no vaya a ser cosa que peligre la deseada estampilla. Por eso debe hacer el equilibrio de afirmar la doctrina tradicional pero sin resultar chocante con los enemigos de la misma. En esa voluntad de no chocar con Francisco, se ve favorecida la postura conciliadora del mismo Francisco con la Neo-FSSPX. Con esta declaración todos quedarán contentos y felices. Francisco porque esto no le hace ni cosquillas. Los neo-fraternitarios desatentos porque creen que su líder no claudica en absoluto. Pero, ¿quién es el que sigue avanzando e imponiendo su estrategia en esta guerra? Y si como vemos que hasta tradi-conservadores admiten que estamos en guerra, ¿a qué continuar con ese lenguaje timorato y medroso, en vez de adoptar un lenguaje belicoso y viril? Decía Monseñor Ezequiel Moreno Díaz, aquel gran campeón del antiliberalismo: "Es un error, y error funesto a la Iglesia y a las almas, transigir con los enemigos de Jesucristo y andar blandos y complacientes con ellos. (...) ¿Qué bienes se han conseguido con las blanduras y coqueteos con los enemigos de Jesucristo? ¿Qué males se han evitado, pequeños ni grandes, por esos caminos? No se consigue otra cosa con esa conducta que afianzar el poder de los malos".


Publicado por Syllabus Errorum



Un sínodo fracasado: todos han quedado derrotados, empezando por la moral católica.

jueves, 29 de octubre de 2015





Al día siguiente del XIV Sínodo sobre la Familia, parecería que todos han ganado. Ha ganado el papa Francisco, porque ha conseguido elaborar un texto que pone de acuerdo a dos posturas opuestas. Han ganado los progresistas, porque el texto aprobado admite la Eucaristía para los divorciados vueltos a casar. Han ganado los conservadores, porque el documento no alude en concreto a la administración de la comunión a los divorciados y rechaza el matrimonio homosexual y la teoría de género.

Para entender mejor lo sucedido, hay que partir de la tarde del 23 de octubre, cuando se encargó a los padres sinodales la redacción final, elaborada por una comisión ad hoc basándose en las enmiendas (modi) al Instrumentum laboris, propuestas por los grupos de trabajo organizados por idiomas (circuli minores).

Con gran sorpresa de los padres sinodales, el texto que se les encargó el pasado jueves por la tarde sólo estaba en lengua italiana, estando totalmente prohibido comunicarlo no sólo a la prensa, sino también a los 51 oyentes y demás participantes en la asamblea. El texto no tenía en cuenta ninguna de las 1355 enmiendas propuestas durante las tres semanas previas, y en sustancia volvía a proponer la estructura del Instrumentum laboris, que incluía los párrafos que habían suscitado tan duras críticas en el aula: los referidos a la homosexualidad y a los divorciados vueltos a casar. El debate se fijó para la mañana siguiente, con lo que sólo se podían preparar durante la noche nuevas enmiendas a un texto redactado en una lengua que sólo dominaban algunos de los padres.

Pero en la mañana del 23 de octubre, Francisco, que siempre ha seguido con atención los trabajos, se ha topado con un inesperado rechazo del documento que había redactado la comisión. Nada menos que 51 padres sinodales intervinieron en el debate, la mayor parte de los cuales se oponía al texto avalado por el Santo Padre. Entre ellos estaban el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos; Joseph Edward Kurtz, presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense; Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal italiana; Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas; Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia; monseñor Zbigņevs Gadecki, presidente de la Conferencia Episcopal polaca; Henryk Hoser, arzobispo y obispo de Varsovia y Praga respectivamente; Ignace Stankevics, arzobispo de Riga; Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo de Minsk-Mohilev; Stanisław Bessi Dogbo, obispo de Katiola (Costa de Marfil); Hlib Borys Sviatoslav Lonchyna, obispo de la Sagrada Familia de Londres de rito ucraniano bizantino, y muchos otros, todos los cuales expresaron con diversos matices su desacuerdo con el texto.

El documento no podía ciertamente volver a presentarse al día siguiente en el aula, por el riesgo de quedar en minoría y producir una grave división. La fórmula de conciliación se encontraba siguiendo la vía trazada por los teólogos del Germanicus, el círculo al que pertenecían los cardenales Kasper, icono del progresismo, y Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Entre la tarde del viernes y la mañana del sábado, la comisión redactó un nuevo texto, que se leyó en el aula en la mañana del sábado 24 y se sometió a votación por la tarde, obteniendo para cada uno de los 94 párrafos la mayoría exigida de dos tercios, que entre los 265 padres sinodales presentes era de 177 votos.

En la sección informativa del sábado, el cardenal Schönborn había anticipado la conclusión en lo relativo al punto más discutido, el de los divorciados vueltos a casar: «Se habla de ello, se habla con mucho interés, pero la palabra clave es discernimento, y os invito a todos a pensar que no es una cuestión de blanco o negro, de un simple sí o un no, sino de discernir. Y de eso habló exactamente San Juan Pablo II en Familiaris consortio: de la obligación de actuar con discernimiento, porque las situaciones varían mucho. Y la gran necesidad de ese discernimiento la ha aprendido desde joven el papa Francisco, buen jesuita: discernir es tratar de entender la situación de tal pareja o de tal persona».

Discernimiento e integración es el título que corresponde a los apartados 84, 85 y 86. El párrafo más polémico es el nº 85, que sienta las bases para una apertura con relación a los divorciados vueltos a casar y presenta la posibilidad de que se acerquen a los sacramentos. Eso sí, sin mencionar explícitamente la comunión. Fue aprobado con 178 votos a favor, 80 en contra y 7 abstenciones. Un solo voto de más sobre el quórum de dos tercios.

La imagen de Francisco no sale reforzada de la asamblea de obispos, sino empañada y debilitada. El documento que había avalado fue rechazado abiertamente por la mayoría de los padres sinodales el 23 por la mañana, que fue su jornada negra. El discurso de clausura pronunciado por Bergoglio no expresaba el menor entusiasmo por la Relatio final, sino una reiterada crítica de los padres que habían defendido las posturas tradicionales. Por dicho motivo, dijo entre otras cosas el Papa en la tarde del sábado:

«Concluir este sínodo significa también haber abierto los corazones sellados que con frecuencia se ocultan incluso tras las enseñanzas de la Iglesia, o tras buenas intenciones, para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialmente, los casos difíciles y las familias heridas. (…) Significa haber intentado abrir horizontes para superar toda hermenéutica conspirativa o cerrazón de perspectivas, para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, que a veces está cubierta por el óxido de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible».

Palabras duras, que expresan amargura e insatisfacción. No son las palabras de un vencedor.
También han sido derrotados los progresistas, porque no sólo se ha eliminado toda referencia positiva a la homosexualidad, sino que también la apertura a los divorciados vueltos a casar es mucho menos explícita de lo que les habría gustado. Pero los conservadores no pueden cantar victoria. Si 80 padres sinodales, un tercio de los congregados, han votado contra el párrafo 86, eso quiere decir que no les satisfacía. Que este párrafo haya sido aprobado por un voto no le quita el veneno que contiene.

De acuerdo con la Relatio final, la participación de los divorciados recasados en la vida eclesial puede darse en forma de «diversos servicios»: es preciso, por tanto,

«discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional se pueden superar. Aparte de que no deben sentirse excomulgados, pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia» (nº 84);

«El itinerario de acompañamiento y discernimiento orienta a estos fieles para que tomen conciencia de su situación a los ojos de Dios. El diálogo con el sacerdote, en su fuero interno, les ayuda a formarse un juicio correcto de lo que impide una participación más plena en la vida de la Iglesia y de las medidas que pueden favorecerla y hacerla crecer» (nº 86).

Ahora bien, ¿qué significa ser «miembros vivos» de la Iglesia sino estar en gracia y recibir la Sagrada Comunión? Y para un seglar, la «más plena participación en la vida de la Iglesia», ¿no incluye participar del sacramento de la Eucaristía? Se dice que las formas de exclusión actualmente practicadas en los ámbitos litúrgico, pastoral, educativo e institucional se pueden superar «caso per caso», siguiendo una via discretionis. ¿Es posible superar la exclusión de la comunión sacramental? El texto no afirma tal cosa, pero tampoco la excluye. La puerta no está abierta de par en par, sino entreabierta, y por tanto no se puede negar que está abierta.
La Relatio no proclama que los divorciados vueltos a casar tengan derecho a recibir la comunión (y por consiguiente derecho al adulterio), pero niega de hecho a la Iglesia el derecho a definir públicamente como adulterio la situación de los divorciados vueltos a casar, dejando la responsabilidad de la valoración a la conciencia de los pastores y de los propios divorciados vueltos a casar. Retomando el lenguaje de Dignitatis Humanae, no se trata de un derecho afirmativo al adulterio, sino de un derecho negativo a que no se impida practicarlo, o sea de un derecho a la «inmunidad contra toda coerción en materia de moral». Al igual que en Dignitatis Humanae, se borra la distinción fundamental entre el fuero interno, que tiene que ver con la salvación eterna de los fieles individuales, y el foro externo, relativo al bien público de la comunidad de fieles. En realidad, la comunión no es un acto individual, sino un acto público que se realiza ante la comunidad de fieles. Sin entrar en el foro interno, la Iglesia siempre ha prohibido la comunión a los divorciados vueltos a casar porque es un pecado público; se comete en el fuero externo. La ley moral es absorbida por la conciencia, que se convierte en un nuevo lugar, no sólo teológico y moral, sino canónico. En este sentido, la Relatio finalis armoniza con los dos motu proprio del papa Francisco, cuyo significado subrayó el historiador de la escuela de Bolonia en el Corriere della Sera del pasado 23 de octubre: «Al delegar en los obispos la autoridad para juzgar sobre las nulidades, Bergoglio no ha cambiado la situación de los divorciados; lo que ha hecho es un silencioso y gigantesco acto de reforma del papado».

Atribuir a los obispos diocesanos, como jueces únicos, la facultad de instruir a su discreción procesos breves y dictar sentencia equivale a atribuirles discernimiento sobre la situación moral de los divorciados vueltos a casar. Si el obispo de la diócesis considera que ha concluido el itinerario de crecimiento espiritual y profundización de una persona que vive una nueva unión, esa persona podrá comulgar. El discurso dirigido por Francisco el 17 de octubre al Sínodo recomienda en la «descentralización» la proyección eclesiológica de la moral «caso per caso». El Papa ha afirmado:

«Más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas por el Magisterio de la Iglesia, hemos visto también que lo que le parece normal a un obispo de tal continente puede resultarle extraño, prácticamente un escándalo, al de otro; lo que una sociedad considera violación de un derecho, puede ser un precepto evidente e intangible en otra; y lo que para unos es libertad de conciencia, para otros no ser sino confusión. En realidad, las culturas presentan mucha diversidad entre sí, y es necesario aculturar todo principio general si se quiere que sea observado y aplicado».

La moral de la aculturación, es decir la del «caso per caso», relativiza y disuelve la ley moral que, por definición, es absoluta y universal. No hay ni buenas intenciones ni circunstancias atenuantes que puedan transformar en malo un acto bueno, y viceversa. La moral católica no admite excepciones; o bien es absoluta y universal, o no es ley moral. No se equivocan, pues, los periódicos que han presentado la Relatio final con este titular: «Desaparece la prohibición absoluta de comulgar para los divorciados vueltos a casar».

La conclusión es que nos encontramos ante un documento ambiguo y contradictorio que permite a todos cantar victoria; pero no ha ganado ninguno. Todos han quedado derrotados, empezando por la moral católica, que sale profundamente humillada del Sínodo de la Familia clausurado el 24 de octubre.


Roberto de Mattei


Traducido por J.E.F para Adelante la Fe, 29-Oct-2015.
Publicado por Stat Veritas



Declaración sobre la Relación final del Sínodo de la familia

28-10-2015  

Filed under Documents

Monseñor Bernard Fellay



La Relación final de la segunda sesión del Sínodo de la familia, publicada el 24 de octubre de 2015, lejos de manifestar un consenso de los padres sinodales, constituye la expresión de un compromiso entre posturas profundamente divergentes. En ella se puede ver que se recuerdan ciertos puntos doctrinales sobre el matrimonio y la familia católica, pero también se notan lamentables ambigüedades y omisiones, y sobre todo brechas abiertas en la disciplina en nombre de una misericordia pastoral relativista. La impresión general que se desprende de este texto es la de una confusión que no dejará de ser explotada en un sentido contrario a la enseñanza constante de la Iglesia.

Por esta razón, nos parece necesario reafirmar la verdad recibida de Cristo sobre la función del Papa y de los obispos (1) y sobre la familia y el matrimonio (2), cosa que hacemos en el mismo espíritu que nos llevó a dirigir al Papa Francisco una súplica antes de la segunda sesión de este Sínodo.

1 – La función del Papa y de los obispos [1]

Como hijos de la Iglesia Católica, creemos que el obispo de Roma, sucesor de San Pedro, es el Vicario de Cristo, al mismo tiempo que es la cabeza visible de toda la Iglesia. Su poder es en sentido propio una jurisdicción a la que, tanto los pastores como los fieles de las Iglesias particulares, cada uno de ellos por separado o todos ellos reunidos, incluso en concilio, en sínodo o en conferencias episcopales, quedan obligados por un deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia.

Dios ha dispuesto así las cosas para que, manteniendo con el obispo de Roma la comunión y la profesión de una misma fe, la Iglesia de Cristo no sea sino un solo rebaño bajo un solo pastor. La Santa Iglesia de Dios ha sido divinamente constituida como una sociedad jerárquica en la que la autoridad que gobierna a los fieles viene de Dios, a través del Papa y de los obispos que le están sometidos. [2]

Cuando el Magisterio pontificio supremo ha dado la expresión auténtica de la verdad revelada, tanto en materia dogmática como en materia disciplinar, no les corresponde a los organismos eclesiásticos con autoridad de rango inferior –como las conferencias episcopales– introducir modificaciones en él.

El sentido de los sagrados dogmas que ha de conservarse a perpetuidad es el que el magisterio del Papa y los obispos han enseñado de una vez por todas y del que nadie puede jamás separarse. Por consiguiente, la pastoral de la Iglesia cuando ejerce la misericordia ha de comenzar remediando la miseria de la ignorancia al dar a las almas la verdad que las salva.

En la jerarquía instituida así por Dios, en materia de fe y de magisterio, las verdades reveladas han sido confiadas como un depósito divino a los Apóstoles y a sus sucesores, el Papa y los obispos, para que lo guarden fielmente y lo enseñen con autoridad. Este depósito está contenido, como en sus fuentes, en los libros de la Sagrada Escritura y en las tradiciones no escritas que, recibidas por los Apóstoles de boca del propio Cristo o transmitidas como de mano en mano por los Apóstoles por dictado del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros.

Cuando la Iglesia docente declara el sentido de estas verdades contenidas en la Escritura y la Tradición, lo impone con autoridad a los fieles para que lo crean como revelado por Dios. Es erróneo decir que al Papa y a los obispos corresponde ratificar lo que les sugiere el sensus fidei o la experiencia común del Pueblo de Dios.    

Como ya habíamos escrito en nuestra Súplica al Santo Padre: «Nuestra inquietud brota de la condenación que San Pío X hizo, en su encíclica Pascendi, de la acomodación del dogma a pretendidas exigencias contemporáneas. Pío X y vos, habéis recibido la plenitud del poder de enseñar, de santificar y de gobernar en la obediencia a Cristo, que es el Jefe y el Pastor del rebaño en todo tiempo y en todo lugar, y de quien el Papa debe ser el fiel vicario sobre esta tierra. Lo que ha sido objeto de una condenación dogmática no puede convertirse, con el tiempo, en una práctica pastoral autorizada».

Esto es lo que llevó a Mons. Marcel Lefebvre a escribir en su Declaración del 21 de noviembre de 1974: «Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. «Si ocurriese —dice san Pablo— que yo mismo o un Ángel bajado del cielo os enseñase otra cosa distinta a lo que yo os he enseñado, sea anatema». [3]

2 – El matrimonio y la familia católica

Acerca del matrimonio, Dios ha provisto al crecimiento del género humano instituyendo el matrimonio, que es la unión estable y perpetua de un hombre y de una mujer [4]. El matrimonio de los bautizados es un sacramento, ya que Cristo lo elevó a esta dignidad; por lo tanto, el matrimonio y la familia son de institución divina y natural.

El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos. El fin secundario del matrimonio es la ayuda mutua que se dan los cónyuges, así como el remedio de la concupiscencia.
Cristo estableció que la unidad del matrimonio sería definitiva, tanto para los cristianos como para todos los hombres. Esta unidad goza de tal indisolubilidad que no puede romperse nunca, ni por la voluntad de ambas partes ni por ninguna autoridad humana: «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».[5] En el caso del matrimonio sacramental entre bautizados, la unidad e indisolubilidad se explican, además, por el hecho de ser el signo de la unión de Cristo con su esposa.

Todo lo que los hombres puedan decretar o hacer contra la unidad e indisolubilidad del matrimonio no corresponde ni a lo que exige la naturaleza ni al bien de la sociedad humana. Además, los fieles católicos tienen el deber grave de no unirse únicamente por el vínculo del matrimonio civil, sin tener en cuenta el matrimonio religioso prescrito por la Iglesia.

La recepción de la eucaristía (o comunión sacramental) requiere el estado de gracia santificante y la unión con Cristo mediante la caridad; la comunión aumenta esta caridad y significa al propio tiempo el amor de Cristo por la Iglesia, que le está unida como Esposa única. Por consiguiente, las personas que deliberadamente viven juntas en una unión de concubinato o incluso adúltera van contra las leyes de Dios y de la Iglesia, porque dan el mal ejemplo de una falta de justicia y de caridad, no pueden ser admitidas a la comunión eucarística y son consideradas como pecadores públicos: «El que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio». [6]

Para recibir la absolución de los pecados en el ámbito del sacramento de la penitencia, se requiere tener el firme propósito de no pecar más y, consiguientemente, los que se niegan a poner término a su situación irregular no pueden recibir una absolución válida.[7]

En conformidad con la ley natural, el hombre no tiene derecho a usar su sexualidad sino en el matrimonio legítimo y respetando las leyes fijadas por la moral. Por lo tanto, la homosexualidad contradice el derecho divino natural. Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado. No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.

Ante los errores actuales y las legislaciones civiles contra la santidad del matrimonio y la pureza de las costumbres, la ley natural no admite excepciones, pues Dios, en su sabiduría infinita, al darnos su ley ha previsto todos los casos y circunstancias, a diferencia de los legisladores humanos. Por ello no puede admitirse una moral denominada de situación, que se propone adaptar las reglas de conducta dictadas por la ley natural a las diferentes culturas. La solución de los problemas de orden moral no ha de someterse tan sólo a la conciencia de los esposos o de los pastores, y la ley natural se impone a la conciencia como regla del obrar.

La solicitud del Buen Samaritano con el pecador se manifiesta por medio de la misericordia que no transige con su pecado, lo mismo que el médico que quiere ayudar eficazmente a un enfermo a recuperar la salud no transige con su enfermedad, sino que le ayuda a deshacerse de ella. Es imposible liberarse de la ley evangélica en nombre de una pastoral subjetiva que, aunque recordara universalmente tal ley, la aboliría caso por caso. Nadie puede conceder a los obispos la facultad de suspender la ley de la indisolubilidad del matrimonio ad casum sin exponerse a que se vuelva sosa la doctrina del Evangelio y quede troceada la autoridad de la Iglesia. Pues, en esta perspectiva errónea, lo que se afirma doctrinalmente podría negarse pastoralmente, y lo que está prohibido de jure podría estar autorizado de facto.

En esta confusión extrema, le corresponde en adelante al Papa –conforme a su cargo y en los límites que le ha fijado Cristo– volver a expresar con claridad y firmeza la verdad católica quod semper, quod ubique, quod ab omnibus [8], e impedir que esta verdad universal sea práctica y localmente contradicha.

Siguiendo el consejo de Cristo: orate et vigilate, rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco,y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos. Suplicamos a María, Madre de Iglesia, que le conceda las gracias que le permitan ser el fiel intendente de los tesoros de su divino Hijo.

Menzingen, 27 de octubre de 2015

+ Bernard FELLAY
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X



[1] Concilio de Trento, sesión 4ª; concilio Vaticano I, constitución Dei Filius; decreto Lamentabili, n° 6.

[2] Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17; constitución Pastor aeternus del concilio Vatican I.

[3] Gál 1, 8.

[4] Gén 2, 18-25

[5] Mt 19, 6.

[6] Lc 16, 18.

[7] León XIII, Arcanum divinae sapientiae; Pío XI, Casti connubii.

[8] San Vicente de Lerins, Commonitorium.

[9] Oración pro summo Pontifice.